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COMPRENSIÓN DEL SACERDOCIO EN EL NUEVO TESTAMENTO
Recopilemos. Los Evangelios y los hechos no nos hablan de Jesús
sacerdote, porque hubiera provocado gran confusión con el sacerdocio de
los paganos y el levítico. Será el autor de la carta de los hebreos
quien nos ofrece toda una teología de Jesús como Sumo y eterno
sacerdote en el orden de Melquisedec y el cumplimiento perfecto del
sacerdocio antiguo.
El apóstol Pedro en 1 Pe 2, 5.9 es quien nos habla del título
sacerdotal referido a toda la comunidad de creyentes, en su conjunto.
Así usa el término "hieráteuma" (=organismo sacerdotal).
No se trata de un sacerdocio de cada uno de los creyentes, no es un
sacerdocio individual, sino orgánico. Al ser un organismo no se puede
excluir en el contexto del nuevo testamento de una estructura. Es así
como se nos habla de "edificar", de "construcción".
"…también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un
edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios
espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo… y alcanzáis
la meta de vuestra fe, la salvación de las almas."
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Igualmente el Apocalipsis identifica el pueblo sacerdotal con el pueblo real:
"…y ha hecho de nosotros un Reino de Sacerdotes para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén."
Lo referido por Pedro y Juan en el apocalipsis es lo que se ha venido a
llamar el sacerdocio común de los fieles. Sin embargo este sacerdocio
común no existe sin la mediación sacerdotal de Cristo. Así lo
atestiguan claramente muchos textos del Nuevo Testamento, iniciando por
1 Pe 2, 5 y Ap 1, 6 ya citados. Igualmente en:
"De
ahí que pueda también salvar perfectamente a los que por él se llegan a
Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor." -Hb 7, 25-
"Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo" -Rom 5, 1-
"Pues por él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu" -Ef 2, 18-
También es atestiguado de forma clara en el Nuevo Testamento cómo la
mediación de Cristo se hace presente en la diversidad de los lugares y
de los tiempos, por medio de los ministros de Cristo.
***La
facultad de éstos no es de origen humano, sino divino "No que por
nosotros mismos seamos capaces de atribuirnos cosa alguna, como propia
nuestra, sino que nuestra capacidad viene de Dios, el cual nos capacitó
para ser ministros de una nueva Alianza, no de la letra, sino del
Espíritu. Pues la letra mata mas el Espíritu da vida" -2Cor 3, 5s-. Es
Dios mismo quien los hace "ministros idóneos de la nueva alianza"
***Ejercen
el ministerio de la reconciliación "Porque en Cristo estaba Dios
reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones
de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la
reconciliación" (2Cor 5, 19), no con autoridad propia, sino como "embajadores de Cristo" (5, 20)
***En nombre de Cristo, sumo sacerdote digno de fe (Hb 3, 1-6), transmiten con autoridad "la palabra de Dios" (13, 7).
***En
nombre de Cristo "sumo sacerdote misericordioso" (2, 17; 4, 14), "velan
por las almas" y deben "dar cuenta" de ellas (13, 7).
Están estrechamente asociados al sacerdocio de Cristo. Sin embargo,
como hemos venido diciendo, en el Nuevo Testamento no se les da el
nombre de "sacerdotes" por la confusión que supondría en aquellas
circunstancias. Ya en el Nuevo Testamento vemos los indicios de la
reflexión cristológica respecto al sacerdocio de Cristo, así lo vemos
explícitamente en 1Cor 9, 13-14, donde Pablo expresa una relación de
semejanza entre los sacerdotes antiguos y los ministros del evangelio,
y Rom 15, 16, donde también Pablo define en términos cultuales y
sacrificiales su propia vocación; no emplea para sí mismo el título de
hiereús, "sacerdote", sino que se sirve de una larga perífrasis que
describe el ministerio como una función sacerdotal de género
completamente nuevo: "ser ministro cultual de Jesucristo", y realizar
la "tarea sagrada de anunciar el evangelio de Dios, para que la ofrenda
sacrificial de los paganos sea agradable a Dios, consagrada por
Espíritu Santo".
Así pues, el ministerio apostólico es un ministerio sacerdotal al
servicio del sacerdocio de Cristo y al servicio del sacerdocio común.
En el fondo de la sucesión apostólica late la cuestión de cómo podemos
en la actualidad, a través del espacio y el tiempo, unirnos al
acontecimiento único de Cristo. La sucesión apostólica muestra que el
acontecimiento de Cristo es mediado en la comunidad eclesial por los
ministros que están en continuidad doctrinal y sacramental con los
apóstoles. El ministerio apostólico es inseparable de la doctrina
apostólica y, al mismo tiempo, es garantía de esta.
En el Nuevo Testamento encontramos una diversidad de ministerios dentro
de la comunidad primitiva, de unos no sabemos su origen, de otros se
dice que son carismáticos, y los apóstoles que son llamados y enviados
por Cristo. De este modo se habla de presbyteroi como responsables de la iglesia local, los diakonoi y episkopoi.
Son las cartas pastorales del Nuevo Testamento que atestiguan
claramente la transmisión de un oficio y autoridad relativos a la
dirección de la comunidad cristiana de una generación a otra. Pero no hemos de confundir estas funciones (presbítero-diácono-obispo) con lo que hoy comprendemos.
La comunidad cristiana necesita atención, instrucción, orientación,
exhortación y dirección para mantenerse fiel a la tradición, es preciso
dotarla de una "jerarquía" estable y digna de confianza. Y con el
progreso propio de la historia iniciada en las primeras comunidades, se
desarrolla hasta el s. II, comprendiendo la Iglesia como hoy la
comprendemos.
La primera afirmación clara de la "sucesión apostólica" la encontramos en la Epístola de Clemente,
escrita hacia el año 96. Insiste en el origen divino del oficio
eclesial, habla de los apóstoles como portadores del mensaje de Cristo
en su misión universal. Literalmente:
" Según
pregonaban por lugares y ciudades la buena nueva y bautizaban a los que
obedecían al designio de Dios, iban estableciendo a los que eran
primicias de ellos después de probarlos por el Espíritu por obispos y
diáconos de lo que habían de creer…además… los apóstoles establecieron
una norma de una vez para siempre a este efecto: que cuando estos
hombres murieran, otros los sucedieran en su sagrado ministerio".
En las cartas de Ignacio de Antioquía, escritas hacia el año 110,
muestran una estructura ya fija, consistente en un obispo y grupos
tanto de presbíteros como de diáconos. Literalmente:
"El
obispo tiene que presidir en lugar de Dios, mientras que los
presbíteros han de actuar como el consejo de los apóstoles, y a los
diáconos que son para mí los más queridos, se les encomienda el
ministerio de Jesucristo."
Ya habla de respeto al obispo porque representa a Cristo, y de la
unidad que ha de haber en torno al obispo que celebra la única
eucaristía, y nada se puede hacer sin la aprobación del obispo.
San Ireneo (a. 130-200) habla de los que " fueron constituidos obispos por los apóstoles y sus sucesores hasta nosotros" y de una " sucesión desde los apóstoles". Hasta enumera los obispos de varias diócesis desde su actualidad hasta los apóstoles.
Conocemos, con Hipólito de Roma o la Tradición Apostólica
el rito de ordenación de un obispo, práctica seguida a finales del
siglo II: Con la imposición de manos el obispo pide que el candidato reciba el " espíritu de gracia y consejo, que forme parte del presbiterado y gobierne tu pueblo con un corazón puro", y que pueda "servirte alabándote con sencillez de corazón". De este modo, aproximadamente un siglo después de la muerte
de los apóstoles, al frente de cada Iglesia hay un obispo.
De este modo somos conscientes que la jerarquía no es una mera creación
humana, sino que representa la voluntad divina y el deseo positivo de
Cristo. El desarrollo histórico o evolución se produjo bajo la guía del
Espíritu sin ninguna oposición aparente y con la promesa por parte del
Señor de que la Iglesia sería indefectible. Así la estructura que
emergió del episcopado monárquico, con sacerdotes y diáconos, pertenece
a la misma esencia de la Iglesia.
PROCESO HISTÓRICO
En el primer período patrístico se produce una rápida evolución. En las cartas de Ignacio los presbíteros se agrupan en torno al obispo, sin especificar su función, se constata que celebraban el bautismo y la eucaristía si él se lo encomendaba.
Es a partir del s.III cuando la palabra "sacerdote" -sacerdos en latín- se aplicará frecuentemente a los obispos y, más tarde, a los presbíteros.
A partir del s. III se hizo común que los obispos asignaran zonas alejadas (parroquias) al cuidado de presbíteros. Tenían dos limitaciones: no podían ordenar y tampoco confirmar. Tenían tres funciones: celebrar sacramentos, instruir a otros en recta doctrina y cuidar de los fieles a ellos encomendados, siempre dependiendo del obispo local, de lo que pronto se denominará diócesis.
Después del Concilio de Nicea (a. 325) se hablaba, principlamente, de las cualidades del sacerdote, marcándose la distinción entre el obispo y el presbítero. Es destacable que la elección de presbíteros y obispos se hacía por la comunidad local, a veces incluso contra los deseos de los interesados.
Encontramos documentos sobre el sacerdocio en la Apología de san Gregorio Nacianceno con la naturaleza y responsabilidades del sacerdocio. San Juan Crisóstomo también tiene seis libros sobre el sacerdocio, y de ellos se inspiró la Regla pastoral de san Gregorio Magno. Las ideas principales son:
- Sobrecogimiento ante la santidad del ministerio sacerdotal y ante la santidad que ha de cultivar el sacerdote.
- La enseñanza y la predicación como tareas primordiales del sacerdote.
- Sentimiento de reverencia ante el misterio eucarístico.
- La humildad, la oración, la ascesis y la caridad como rasgos característicos de la vida sacerdotal.
- La necesidad de evitar cualquier forma de inmoralidad.
En el plano teológico San Agustín en la polémica contra los donatistas, los cuales afirmaban la necesidad de una vida integérrima en los sacerdotes para la validez de las acciones sacramentales realizadas por ellos, el santo coloca en el centro de la vida de la iglesia el sacerdocio de Cristo, cuya acción permanece válida incluso cuando el sacerdote es indigno.
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