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DISCIPULADO
Vida de Gracia
LECTIO DIVINA
TIEMPO ORDINARIO -domingo VI c. C-
Qué es orar
Cómo orar

1º. ORATIO


     Señor, tú que eres nuestro creador y quien amorosamente dispone toda nuestra vida,
renuévanos conforme a la imagen de tu Hijo
y ayúdanos a conservar siempre tu gracia. 




2º. LECTIO DEL 12 FEBRERO 

† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 31-37

       En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la región de Decápolis. Le llevaron entonces a un hombre sordo y tartamudo, y le suplicaban que le impusiera las manos. El lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “¡Effetá!” (que quiere decir “¡Abrete!”). Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad.

       El les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba, ellos con más insistencia lo proclamaban; y todos estaban asombrados y decían: “¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.

3º. MEDITATIO

       El evangelista san Marcos nos describe exactamente una serie de lugares geográficos indicándonos el itinerario de Jesús. Atravesando la región de Decápolis, que se extendía al oriente del mar de Galilea y del río Jordán, donde se encontraban diez ciudades griegas. Será en este lugar donde Marcos nos relata la curación del hombre sordo y tartamudo.

      Isaías anunció la superación de todo límite humano que impedía la relación con Dios y con el prójimo y abre la esperanza hacia una nueva creación que abrirá definitivamente los cielos para todos. Será el mesías quien rompa con el pecado que es lo que nos impide el amor a Dios y al prójimo. Hemos de entender que el no hablar o silencio (en hebreo dumáh) significaba muerte, de ahí que la mudez era comprendida como sinónimo de pecado y muerte, pues la sordera impedía conocer la voluntad de Dios y la mudez el responderle.

       Se me viene a la mente cómo el gran artista Miguel Ángel después de esculpir a Moisés le pegó un cincelazo en la rodilla gritando: ¡habla!, para indicar así una obra bien hecha: la que habla… pero no habló. En cambio la obra de Jesús cuando perdona nuestros pecados, nos resucita a una nueva relación con Dios y con los demás.

      Es digno de estudio cómo Jesús apartó al sordo y tartamudo a un lado de la gente. Jesús quiere evitar cualquier apariencia de magia o de poderes especiales, nada de sensacionalismo o exhibicionismo. Jesús si mete los dedos en los oídos y toca la lengua con su propia saliva es para comunicarse con el hombre e indicarle lo que va a realizar. Es el poder de la Palabra de Jesús, ¡effetá!, la que sana, porque es viva y eficaz: rompe el silencio, la muerte.

       Discípulo de Jesús es quien le escucha y practica lo que Él manda. Por eso hemos de pedir oídos de discípulo para aprender de Jesús, el manso y humilde de corazón, y de este modo proclamar todo lo enseñado por Él, haciendo discípulos a todas las gentes.

       Otro indicio de que Jesús no quería fama es el secreto mesiánico, no quería que se le conociera como un carismático que iba haciendo milagros o curaciones extraordinarias, sino como el Siervo Sufriente, el que ha sido enviado a servir y a dar la vida en sacrificio. Los milagros de Jesús han de ser comprendidos como lo hace la Iglesia: como signos de salvación, indican el poder de Jesús para perdonar pecados y dar vida eterna, nunca como fines en sí mismos.

       Recordemos que la fe es un don de Dios gratuito, no fruto de la reflexión ni siquiera de catequesis, sino una Gracia gratuita dada por medio de los sacramentos, y a partir de ahí podemos después comprender lo recibido. Como repetía San León Magno: “Lo que Jesús hacía visible en su vida terrena, hoy lo hace la Iglesia en los sacramentos”.

       En el rito “Effetá” realizado en el bautismo para adultos se inculca la necesidad de la gracia para oír y profesar la Palabra salvadora de Dios. El celebrante toca con el pulgar los oídos y la boca de cada elegido diciendo: “Effetá, que quiere decir ábrete, a fin de que proclames la fe que escuchaste, para alabanza y gloria de Dios”, y recalca mucho más la gratuidad de esta gracia cuando se realiza al recién nacido, diciendo: “El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre.

       En este rito la Iglesia implora la capacidad de obedecer la Palabra de Dios y de anunciarla, es precisamente lo que la Iglesia ofrece en el bautismo. ¿Qué pides a la Iglesia? El bautismo. ¿Qué te da el bautismo? La fe ¿Qué te da la fe? La Vida eterna. La Iglesia, entonces, es la que ofrece la fe consistente en hacer presente la Palabra y los Gestos de Jesús salvadores.

       Es así como la Iglesia interpreta el mensaje propuesto para la liturgia de hoy: el abrir los oídos a los sordos y soltar la lengua a los mudos entre otras cosas eran los signos indicados por los profetas para reconocer al Mesías. Ahora bien, Jesús realiza estos signos, no para exhibirse ni ser considerado como un milagrero o médico, sino para que se le reconociera como el Mesías esperado.