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CRISTO: SUMO SACERDOTE

       Es el autor de la carta a los Hebreos que identifica la víctima con el sacerdote, identifica a Jesús como Sumo Sacerdote para siempre. Para fundamentar la continuidad con el sacerdocio antiguo no acude a lo externo sino a la intención profunda de la institución sacerdotal.

       Para argumentar su razonamiento tuvo que superar el concepto tradicional del "sacerdocio" que se cerraba en las formas rituales externas y tuvo también que reexaminar el estudio sobre Jesús para descubrir su relación con la intención profunda de la institución sacerdotal.

       Hemos de familiarizarnos por tanto con el esquema de la intención del sacerdocio: Fase ascendente, fase central y fase descendente.  Pero primero hagamos un breve estudio respecto a la carta a los Hebreos.

SUMO SACERDOTE


      El escrito va dirigido a unos cristianos maduros en su fe, aunque el autor no indica ni la región en la que viven ni la pertenencia étnica. Su "sermón" va dirigido a comprender las relaciones entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y también huir de toda ideología judaizante. Por lo tanto, es un escrito que profundiza en la fe en Cristo y que pretende dar un nuevo impulso a la vida cristiana.

       El autor de este sermón sacerdotal que no carta, es más bien toda una problemática. Se sabe que no es del apóstol san Pablo, y sigue discutiéndose si puede ser de Bernabé, de Clemente romano, del evangelista Lucas, Silas, Pedro, Apolo, Priscila, etc. Posiblemente fue escrito antes del a. 70.

       La intención profunda del sacerdocio antiguo: llegar al encuentro con Dios desde una fase ascendente mediante purificaciones y un sacrificio, y después una fase descendente que consiste en bendecir al pueblo con el nombre de Yawheh.

CRISTO COMO SUMO SACERDOTE

**FASE CENTRAL

       Era cuando el "sacerdote" es admitido en la morada de Dios. El autor a la carta a los Hebreos inicia proclamando que Cristo está sentado a la Diestra de Dios (1, 4-14), ha sido glorificado y es digno de fe (3, 1-6), y está vivo e intercede a nuestro favor (7, 25). En consecuencia, solo es Cristo glorificado quien nos pone en relación íntima con Dios. Cristo es el Hijo de Dios, pero también hermano de los hombres (2, 5-16), por ser verdadero Dios y verdadero hombre es perfecto mediador (2, 17).

       La cita fundamental de su nuevo estudio sobre la persona de Jesús  la encuentra en el Salmo 110:

       "Oráculo de Yahveh a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que yo haga de tus enemigos el estrado de tus pies. El cetro de tu poder lo extenderá Yahveh desde Sión: ¡domina en medio de los enemigos! Para ti el principado el día de tu nacimiento, en esplendor sagrado desde el seno, desde la aurora de tu juventud. Lo ha jurado Yahveh y no ha de retractarse: "Tú eres por siempre sacerdote, según el orden de Melquisedec." A tu diestra, Señor, él quebranta a los reyes el día de su cólera; sentencia a las naciones, amontona cadáveres, cabezas quebranta sobre la ancha tierra. En el camino bebe del torrente, por eso levanta la cabeza."

       También señalado en Mt 22, 41-46; 26, 63-66; Hch 2, 34; Ef 1, 20. Y es de este modo como en 1Tim 2, 5 también se declara a Cristo como único sacerdote auténtico y único mediador. Se interpreta la pasión de Cristo como el verdadero y único sacrificio plenamente logrado.

**FASE ASCENDENTE

      Así como en la institución antigua había innumerables normas de purificación de culto ritual, externo e ineficaz, ahora con Cristo, se pasa a un culto existencial que toma a todo el hombre para la comunión con Dios y con los hermanos. Es la ofrenda de Jesús la que sustituye todo lo antiguo. La ofrenda de Jesús es el valor sacrificial, de consagración sacerdotal, de sacrificio de expiación, de alianza.

**FASE DESCENDENTE

      Es lo que nos ofrece el mismo Cristo sentado a la derecha del Padre por los méritos de su pasión y muerte: Nos procura no ya una "bendición" de abundancia de bienes de este mundo y para este mundo, al estilo de prosperidad, bienestar, fecundidad, sino:
1.    Purificación de conciencia (9, 14)
2.    La santificación (10, 10)
3.    La perfección (10, 14)
4.    Nos introduce en la nueva alianza (9, 15)
5.    Nos pone en relación íntima con Dios (8, 10s)
       Se nos abre entonces un nuevo culto, un culto viviente, que permite el acceso a Dios a todo el pueblo en este sentido  de los puntos expuestos. Sin separaciones rituales ni ritos separados de la vida, sino mediante esta ofrenda existencial, viviendo como Jesús, en obediencia a la voluntad de Dios y en el progreso de la fraternidad. Por eso Pablo diría: "Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual." El instrumento de todo ello será la Eucaristía (10, 19-25; 13, 15).