X. LOS PROFETAS |
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INTRODUCCIÓN
El segundo grupo
de las Escrituras según Israel es el de los
profetas. Así como el libro
de la alianza y de la ley llegó a ser el fundamento del pueblo y se
cerró quedando en su forma canónica después del destierro, el segundo
grupo, de los profetas, es cerrado y canónico en su forma definitiva
durante el s. II a. de C.
Este segundo grupo se considera
como libro de la interpretación de la historia de Israel a la luz de la
alianza gracias a la conservación del don en él de la palabra de Dios. |
En la historia religiosa de la humanidad, el profetismo del Antiguo
Testamento constituye un fenómeno único que prepara la revelación del
Verbo de Dios en la fe cristiana. Cristo no es uno de los profetas, sino
el Profeta, es el hombre religioso, porque es el Hombre-Dios. Es Cristo
quien lleva a su consumación toda la historia profética y abre la era
en que el Espíritu de Dios se difunde en tal medida que el pueblo de
Dios se caracteriza por la participación de la función profética del
Hijo. Sin embargo, solo podemos conocer al Profeta conociendo la
historia profética de Israel, y éstos también solo pueden ser
comprendidos en orden a Cristo y su luz.
Al igual que hacíamos en el Pentateuco respecto a la referencia a los
mitos antiguos y su desmitización, también hemos de considerar la
referencia al profetismo de otros pueblos para comprender mejor la
profecía en Israel. En todos los pueblos antiguos estaba presente toda
suerte de adivinaciones, oniromancias, respuestas de oráculos, con
chamanes, druidas, Pitia y sibilas, kahini, etc.
Dicho esto, hemos de considerar las diferencias esenciales del
profetismo bíblico. Al igual que frente al mito, se considera esencial
el monoteísmo dinámico, un solo Dios trascendente e inmanente. El
profetismo bíblico se caracteriza por la manifestación espontánea de
parte de Dios a determinados individuos para que comuniquen sus
proyectos de justicia y de bien.
Después de establecerse en la
tierra de Canaán se intensifica en Israel el recurso a respuestas de los´urîm
y tummînm
(veintiuna letra de las letras hebreas que sacadas a suerte del ´efod daban
palabras significativas), a la interpretación de los sueños,
intuiciones de videntes a los cuales se les denominaba nebî´îm
(que anuncia o proclama). La gente entonces acudía a Samuel, a Isaías, a
Juldá, a Jeremías, a Ezequiel, Ageo, Zacarías… son los profetas de
Israel.
PROFETAS NO ESCRITORES Y
ESCRITORES
Los profetas son divididos en dos
categorías:
- Desde
el s. XI al IX a.C. los pre-clásicos
- Desde
el s. VIII al IV a.C. los clásicos o escritores.
Empezando por Moisés (Ex 33, 11; Dt 34, 10), sigue Samuel, Ajías, Semayas, Natán
(s.
XI-X); Janani, Elías, Miqueas
(s.
IX); Amós, Oseas, Isaías, Miqueas
(s.
VIII); Sofonías, Jeremías (s. VII-VI); Ezequiel, Deutero-Isaías (598-538); Ageo, Zacarías, Joel, Malaquías y otros (después del destierro).
X.1 PROFETAS NO
ESCRITORES
SAMUEL
Junto a Abraham y Moisés es prototipo de los profetas. Samuel es
presentado como el guía iluminado y providencial en un momento crítico
de la historia. Hombre de oración e íntegro en todo su comportamiento
recibe del Señor la palabra con la que deberá amonestar y dirigir: como
último de los jueces ejerce su función pública ante las primeras
ofensivas filisteas; por inspiración de lo alto designa al primer rey de
Israel en su función de consagrador, y con su espíritu de profecía
critica el poder, reprende al rey en sus desviaciones, exigiendo
coherencia entre fe y justicia, entre culto y vida, anuncia el éxito de
las armas al pueblo arrepentido.
Encontramos su "evangelio de la
infancia" con los elementos característicos que nos llevan a considerar
el evangelio de la infancia de Cristo en algunos elementos. De este modo
encontramos la madre estéril, el anuncio, el cántico de acción de
gracias por el nacimiento (1Sam 2, 1-10), la vocación en etapas
progresivas, entre otros detalles.
NATÁN
Su acción se sitúa como consejero
del rey, e igualmente a denunciar sus desviaciones y transgresiones.
2Rey 25, 27; Ez 21, 32; Gén 29, 10.
SEMEYAS
En nombre de Dios hace desistir al
ejército de Roboán de marchar contra la tribu del norte (1Rey 11, 2-24)
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Es interesante e
importante destacar la teología de la tradición "deuteronomista" para comprender la acción del
profeta Samuel y también de Natán. Los temas centrales son la alianza
mesiánica con la casa de David, la elección del último y el juicio sobre
el pecado.
ALIANZA
MESIÁNICA.
El campo privilegiado de la acción
de Dios se encuentra en la historia y la existencia concreta del hombre.
De este modo consideran la presencia de Dios en la estirpe de David
como esperanza mesiánica real. Es la promesa de un "hijo de David"
perfecto lo que mueve la historia, el Emanuel, el Dios con nosotros, en
la presencia suprema de Dios y de su palabra en la historia. A ello
tiende la Alianza cósmica (Gén 9), la alianza de Abraham (Gén 15, 5; 17,
22,17), también aparece en Isaías 55, 3, y en los cronistas (2Crón 13,
5; 21, 7), y en el Salmo 89. El consagrado de Dios será el heredero de
la promesa divina, promesa que no puede extinguirse porque nace de Dios.
La genealogía del mesías davídico no será necesariamente biológica y
dinástica, sino espiritual y teológica.
ELECCIÓN DEL ÚLTIMO.
Dios elige siempre al débil, al menor, a la estéril, al pobre. Nos
orienta también a lo que expresará el cántico de la Virgen María en su
Magnificat, y también san Pablo en 1Cor 1, 27-28.
JUCIO SOBRE EL PECADO.
La voz de la profecía se alza contra la opresión hacia el pobre y el
pequeño. Pero no es tanto una condena divina, sino una autocondena (1Sam
12, 1-4). Es la denuncia implacable de Dios de las injusticias y
orgullo de los poderosos. Dios es garante de la justicia y hará cumplir
toda pena. El Señor hace descubrir el sentido del pecado, y vemos ya
claramente el principio de responsabilidad personal frente al principio
de culpa comunitaria (2Sam 24,).
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JANANI
También llamado Anán el vidente,
echa en cara al poderoso Asá su alianza con un reino idólatra (2Crón 16,
1-10).
MIQUEAS -hijo
de Yimlá-
Predice al rey de Israel el
desastre militar (1Rey 22, 17).
ELÍAS (=mi Dios es Yahvé)
Sus referencias se encuentran en 1Rey 17-19; 21 y 2Rey 1-2. Vivió en el
siglo IX a.C. en el reino del norte, bajo los reyes Ajab y Ocozías.
Llevaba un manto de piel típico de los beduinos del desierto, ceñido por
un cinturón de cuero, contra tanta moda refinada procedente de Fenicia
(2Rey 1, 8). Lo que nos recuerda a Juan el Bautista.
Se atrevió a desafiar a la corte de
Samaría, habitada por cananeos y dominada por la fenicia Jezabel, mujer
de Ajab, primero con la predicción de una sequía de tres años (1Rey 17,
1) y luego con la súplica de que un fuego celeste descendiera sobre su
holocausto, haciendo comprender que esa tierra es solo de Yahvé, y a él
se le debe adoración, "matando" a todos los sacerdotes de Baal.
Verificados ambos acontecimientos y restablecida la fe del Dios de los
padres entre el pueblo, se ve obligado a esconderse buscando refugio no
en los santuarios, sino en el Horeb. En el silencio oye de nuevo la voz
de Dios que le envía a proseguir la lucha contra la idolatría y la
injusticia. Dios no se manifiesta como "el dios" fenicio, en la
tempestad, el fuego, el terremoto, sino casi imperceptiblemente, pero a
través de la palabra.
Se destacan cuatro anécdotas
milagrosas que comprenderemos con los gestos de Jesús: la limentación de
Elías junto al río Querit (1Rey 17, 2-6), la multiplicación de la
harina y del aceite en Sarepta (1Rey 17, 7-16), la resurrección del hijo
de la viuda (1Rey 17, 17-24) y el aliento recibido por el ángel (1Rey
19, 4-8).
Se describe como
un rapto al cielo, una forma literaria de describir realidades
invisibles mediante imágenes concretas. Ya presente en Henoc (Gén 5,
24). En la Biblia se refiere a él como el que ha de volver para anunciar
el juicio final (Mal 3, 23; Mc 9, 11), se pone en relación a Juan
Bautista (Jn 1, 20; Mt 11, 14), es Elías con Moisés que se presentan al
lado de Jesús en la transfiguración (Mt 17, 3) anunciando el tiempo
mesiánico.
ELISEO (=Dios
ha salvado)
Nacido en Abel-Mejolá, era de familia acomodada, llamado por Elías a su
seguimiento, abandonando todo siguió al maestro, permaneció célibe toda
su vida, acogió a su alrededor una comunidad de profetas con los que
llevaba una vida común, vivió algún tiempo en el monte Carmelo pero
desarrolló su ministerio en el seno de la comunidad profética.
Las referencias bíblicas las
encontramos en 2Rey 2-13. Participa en la unción de Jazael y de Jehú.
Entre sus prodigios: desintoxicación de una olla envenenada (2Rey 4,
38-41), la multiplicación de veinte panes para alimentar a cien personas
(2Rey 4, 42ss), la recuperación milagrosa del hacha (2Rey 6, 1-7),
reanimación de un cadáver con los huesos secos (2Rey 13, 21), y la
curación del sirio Naamán (2Rey 5, 1-27). Tenía el carisma de la
presciencia y del éxtasis artificial (cf. 2Rey 5, 26; 6, 12.32; 7, 1s;
8, 12; 2Rey 3, 15). | |