|
·DESARROLLO DE
LA VIDA DE
DIOS·
Acogida
la Palabra
de Dios y amada provoca la venida de Dios a nuestro cuerpo. ¿Cuál es la prueba de que Dios ha hecho morada en nosotros? Por los frutos. Amar es hacer lo que Dios quiere, no ya como actos aislados instantáneos, sino como actitud constante, modus vivendi.
La Vida
de Dios tiene su maduración o desarrollo en su actividad propia, que consiste en amar. El ejercicio de amar es la clave que nos indica que hay Vida: "Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte".
CUESTIONES A TENER EN CUENTA PARA PODER IR COLABORANDO EN EL DESARROLLO DE LA VIDA DE DIOS
El verdadero discípulo que en su vida hace discípulos, esto es, se convierte en apóstol, pues no basta reconocer el Amor de Cristo, sino que el encuentro con Cristo se da cuando hay correspondencia a su Amor y se comunica así a los demás. Dios en Cristo nos ama para que con su mismo amor amemos a nuestro prójimo.
El apóstol, discípulo-misionero ha de formar a sus discípulos en el Amor del Evangelio, de ahí que les enseñará y aprenderá él mismo a crecer en el amor de Cristo que iguala y sobrepasa hasta la perfección el amor humano. Aunque en muchas ocasiones habrá que formarnos también en este amor natural y humano perdido o dañado por el pecado o una conciencia turbada por los tiempos, por uno mismo o provocado por las estructuras.
El apóstol, discípulo-misionero ha de aprender y enseñar a sus discípulos a vivir una vida entregada y feliz, ya sea recibiendo o dando todo el día, en todo ambiente y circunstancia, el afecto y amor de Dios.
Amar es hacer lo que Dios manda, en comunión de voluntad con él. Amar, por tanto es ser y hacer discípulos a todas las gentes. El apóstol aprenderá y enseñará a sus discípulos a no vivir ya como "solterón" o "solterona", sino a entregarse como fiel esposa y madre responsable, desviviéndose por sus hijos "discípulos". Esto significa que el discípulo va convirtiéndose en apóstol, buscando momentos oportunos y adecuados para amar en su familia, trabajo, instituto, universidad o entre los amigos.
El discípulo aprenderá a no ocupar su tiempo para sí mismo, sino para los que ya dependen de él: ha de iniciar y custodiar
la Vida
de Dios en otros así como lo ha hecho el maestro con él. No deberá ocupar el tiempo para sí no significa dejar de trabajar o de estudiar o de dedicarse a la familia...., sino todo lo contrario: hacer todo como voluntad de Dios, pero tendiendo siempre a un amor universal perfecto. Negarse a sí mismo consiste en no ocuparse ni preocuparse sino por
la Vida
de Dios en él y en los demás, y todo ponerlo en orden a esto.
El apóstol enseñará a negarse a sí mismo a sus discípulos, orientando sus gestos, palabras y conversaciones sin dejar que le afecten los sentimientos y estado de ánimo. Le guiará y acompañará de tal manera que se ha de ir viendo enamorado y convencido, amando a tiempo y a destiempo, de tal modo que el discípulo con sola su presencia debe enamorar y convencer con su vida, gestos y palabras.
El verdadero apóstol enseñará a orar cada mañana, hasta que el discípulo busque entender y convencerse a fin de enamorarse y dar con ilusión
la Palabra
que Dios ya le confía para que administre en su nombre. Enseñará a vivir de tal manera que tenga a sus discípulos en mente, en el corazón de Dios y en sus esfuerzos, ordenándolo todo en función de ellos. Esto supone ayudarle a preparar y dar los temas de predicación propios -Temario del discípulo- hasta que sea capaz de dar razón de su amar como Jesús.
Aprenderemos y enseñaremos un amor nuevo, un amor que engendre fraternidad. Esto supone irnos ayudando a negarnos a nosotros mismos, negar el hombre viejo nutrido por la soberbia, orgullo, pereza, gula, avaricia, lujurio, ira, envidia... La revisión de nuestra vida ha de ser constante, y a ser posible en grupo, es un buen medio de ayuda para cuidar el desarrollo real de
la Vida
de Dios en cada uno, y de esta manera nos podremos corregir fraternalmente y capacitarnos cada vez más y más en la misión de dar Vida de Dios, porque amar es dar
la Vida
de Dios a todas las gentes, porque ser y hacer discípulos consiste en vivir y compartir Vida eterna, y así enseñar a guardar o custodiar esta Vida de Dios que se convierte en el mandato divino.
Que el discípulo llegue a sentirse gastando y desgastando su vida hasta que sus hermanos alcancen el conocimiento perfecto de su identidad y la desarrollen como él.
Este ejercicio de desarrollar
la Vida
de Dios lo mantendremos e iremos descubriendo cómo vamos adquiriendo actitud de esposa fiel y madre-padre responsable de los discípulos. No podemos seguir adelante si no tenemos a alguien que nos acompañe espiritualmente. Es imprescindible un director espiritual para nuestra formación y desarrollo de
la Vida
de Dios.

|