DISCÍPULOS Y MISIONEROS
Vida de gracia
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VII. CONTENIDO DEL LIBRO: CONSECUENCIAS DEL PECADO

        Ante interpretaciones mitológicas pesimistas y catastróficas de los orígenes, el libro del Génesis nos confirma que al principio no fue así. Es desde este sentido etiológico como comprendemos la Escritura antigua.

       Ante la realidad de pecado y muerte se buscan las causas tomando la forma de conocimiento de entonces, los mitos, que explicaban el por qué de la realidad presente.


       Como afirmamos y también Jesús, al principio no fue así. Todo fue creado en armonía, no en caos, no para la muerte, sino para la vida, una vida plena y perfecta. Y el hombre es comprendido como cocreador con Dios.

        Con el segundo relato de la creación se nos expone las causas de la presencia del pecado en el mundo, y ahora, con el relato de Caín y Abel se explica la causa de la entrada de la muerte en el mundo: de forma violenta. Con el pecado original entró el sentimiento de ira y codicia que conducirá a matar al propio hermano, y a una escala de violencia con dimensiones universales (Gén 6, 11-13).

        Relatos como Caín y Abel, la torre de babel o el mismo diluvio tienen fragmentos venidos de la tradición yahvista y la sacerdotal. De ahí podemos explicar algunas aparentes contradicciones en los mismos relatos.

        El relato de Caín y Abel, también es etiológico. Con esta narración se explica la causa de la lucha tribal entre dos tipos de cultura: la agrícola y la pastoril. De este modo, Caín se convierte en símbolo de las rupturas sociales y del odio que de ello se deriva.

        El relato de la torre de Babel se basa en el Ziqqurat babilonio, símbolo de la superpotencia político religiosa que ambicionaba la sumisión de toda la tierra bajo su imperialismo, desafiando al mismo Dios.

        El relato del diluvio se basa en los mitos de Gilgames, de Ziusudra y de Atrahasis. Como en anteriores ocasiones hay un trabajo de desmitificación, sobre todo a partir de la visión monoteísta y del aspecto moral del cual Dios también está preocupado. Ya se vislumbra desde Adán y Eva, pasando por Caín y Abel el binomio bendición-maldición. Vemos al hombre bajo el signo del pecado y de la maldición. Pero toda esta trama es borrada por la intervención de la Gracia divina, anulando la maldición con la BENDICIÓN DE ABRAHÁN.