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DISCIPULADO
Vida de Gracia

TU VIDA PROCEDE DEL AMOR 

 
Si echamos un vistazo a la gente nos daremos cuenta que todos, sin excepción alguna buscamos de alguna manera u otra sentirnos amados y amar. No hay nadie humano que no viva intercambiando afectividad. Así cuando nos falta un poco de cariño o de amor por parte de familiares, amigos o compañeros,  o no nos sentimos útiles para alguien se nos cae el tejado encima, y no hay psicólogo que nos "arregle". Todo lo que necesitamos es amor, y ya lo cantaban los Beatles ¿verdad?

            ¿De dónde nos vendrán estas ansias y deseos de sentirnos amados y amar?

            El deseo de vivir, el deseo de celebrar el amor, no es una fiebre de juventud, también el niño y el abuelo lo tienen.Recuerdo una vez, por mi tierra, fuimos unos misioneros a una escuela de un barrio marginado a hacer una obra de teatro. Al final de la obra estuvimos un rato con los niños internos. Había uno muy cariñoso que se apegaba mucho a nosotros, no nos quería dejar ir y no paraba de hablar, y nos decía: "El domingo va a venir mi papá y me va a llevar a pasear al zoológico, me va a comprar globos y helados, y luego vamos a ir al parque de atracciones, vamos a comer juntos y luego me va a traer de nuevo a la escuela y me va a dar dinero". Mientras hablaba el niño, la monja que le cuidaba le sonreía y luego al salir nos dijo: "todo es mentira, él es huérfano, y como ve que a sus compañeritos les pasean sus papás y vienen hablando de lo que hacen, él no quiere sentirse menos y se inventa todo eso". Cuando salí de allí me pareció que este niño se parece mucho a nosotros. El mundo está lleno de personas así. Cuando nos falta el cariño y el amor verdadero nos inventamos historias o nos refugiamos en las cosas.

            Un filósofo español, Miguel de Unamuno decía: "Si Dios no existiera habría que inventarlo". Si aún no he encontrado el Amor que es lo fundamental en mi vida tendré que buscarlo porque si no, viviré solo y triste como ese niño, y tendré que aparentar frente a los demás como éste niño, ¿verdad?La vida sin amor no tiene sentido; la vida en orfandad en insufrible. A ninguno de nosotros nos gustaría crecer en un orfelinato o acabar nuestros días en un ancianato. Al ir a un ancianato en Italia, me puse a conversar con una abuelita, y le pregunté ¿Cuántos hijos tiene?; Cuatro, me respondió, pero lo que me sorprendió es lo que continuó diciendo; pero hubiera preferido más tener cinco cerdos porque así al menos tendría carne y grasa, dijo la abuelita, y me contó: primero se turnaba cada uno para cuidarme (cuidarme... je... eso decían) y al final ya no me querían porque era un estorbo, hasta que me enjaularon aquí; vienen tres veces al año, en Navidad, en Semana Santa y en mi cumpleaños. Pagan la casa con mi dinero y sólo están esperando a que me muera para repartirse lo que me quede.

            ¿De dónde le procede a ese niño y a esa anciana tanta sensibilidad al amor? ¿De dónde le procede a Madre Teresa tal capacidad de amar que era capaz de entrar a un aula llena y sólo con echar un vistazo descubría quién estaba sufriendo? ¿De dónde le procede  a los mártires tanto amor hasta dar su propia vida por los demás?

            Nuestros papás sólo son instrumentos de Dios para transmitirnos la vida y el afecto:

            Podemos ser muy distintos en lo externo pero en el fondo todos nos parecemos en cuanto a la afectividad, la necesidad de sentir amor y amar: es el rasgo común que todos los hombres, de todas las razas, de todas las edades y de toda condición social llevamos muy dentro, muy íntimo. Todos de algún modo, somos sensibles a la vida y al amor.
 

        "... yo no sé cómo aparecieron en mis entrañas, ni fui yo quien les regaló espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada uno... el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas..."                                                                                      2Mac 7, 22-23

            Decíamos que el hombre conoce mucho de las cosas, pero conoce muy poquito de sí mismo. Cada vez son más las preguntas por el origen de la vida.

            En 1.927 el belga George Lamaitre propuso la teoría del Big-Bang ocurrida hace seis mil millones de años. El universo tendría quince mil millones de años. La vida del hombre se calcula apenas en cuarenta mil años. Aunque los datos pueden variar más o menos. La galaxia Andrómeda, por ejemplo, la más cercana a la tierra se acerca a una velocidad de doscientos kilómetros por segundo. Muchos planetas giran alrededor de las estrellas a diez mil kilómetros por hora.

            Hoy, muchos antropólogos se atreven a hablar de un principio andrómico, según el cual todas las leyes del universo confluyen  de manera que la vida del hombre sobre la tierra fuera posible.

            Ante ésta maravilla del universo no me extraña que el salmista exclamara:

        "...cuando contemplo el cielo obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder?. Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad; le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajos sus pies"                                                                                                                                  Salmo 8

            El hombre es el rey de la Creación , es la obra de la que su artista está más "orgulloso". El planeta tierra es apenas una motita de polvo en medio de ese universo infinito, aún así el hombre es la obra más perfecta de toda la creación. Por más inventos que haya creado el hombre, por más descubrimientos científicos, él mismo seguirá siendo superior a todo.

            Hace un tiempo enfrentaron al campeón mundial de ajedrez, el ruso Gari Kaspárov con una supercomputadora IBM capaz de calcular miles de jugadas por segundo; el resultado fue que a los cuatro días la venció, y otras veces quedaron en tablas.

            Cuando Dios creaba todas las cosas veía que estaban bien, pero al crear al hombre dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza: y cuando lo hizo dijo: y vio que estaba muy bien" (cf. Gén 1, 26-31). Como suelo decir: estamos bien hechos, pero mal acabados, por nuestra libertad.

            Después que se forma la columna vertebral en el seno de la madre, se forma el corazón; el primer instinto vital, el primer latido es hacia el amor. El corazón es la vida del hombre porque es el músculo que recibe bombea la sangre; es el que da sentido a la vida humana, porque es el que recibe y da el amor.

            Esta sensibilidad a la vida, al amor, tanta perfección no la hemos podido recibir de nuestros padres, pues ellos que son limitados e imperfectos también la tienen y no se lo dieron ellos mismos. Nadie puede dar lo que no tiene, dice el refrán. ¿De dónde nos procede todo esto?

            Nos informa la Palabra de Dios: "El amor es un destello del amor de Dios, una llama del fuego de su amor" (Ct 8, 6).

            Si la Creación es tan impresionante, ¿cómo será su Creador? Si un rayo de luz del sol crea la maravilla del arco iris y nos deja ver los colores de cada cosa, ¿cómo será la fuente de todos esos rayos? Si en un corazón humano y limitado como el de Madre Teresa, Francisco de Asís, padre Kolbe... el amor puede tanto, ¿cómo será la Fuente de todo amor; el que les hace amar de esta manera...
                                        Dios es Amor. El Amor viene de Dios 
            Este Amor primero no te ideó y se olvidó de ti, sino que te amó y te sigue amando hoy, aquí y ahora, porque su amor es eterno. Dios que es Padre es todo y solo Amor, no deja de ser Padre. No solo te dio la vida amándote, sino que te la mantiene porque no ha dejado de quererte y nunca dejará de quererte. ¿Cómo lo hace? Con cuerdas humanas, con lazos de amor: a través de personas que te entregan amor verdadero, puro y sincero. El Amor es de Dios, y todo tipo de amor que me encuentro en esta tierra tiene una única procedencia: Dios Padre. Por eso mucha gente que te ha amado y te aman de verdad no han sido más que instrumentos para mostrarte y demostrarte ese amor que tiene una única procedencia: es de Dios.

            El amor de madre por ejemplo procede de Dios. Y va más allá el Amor de Dios que este amor materno que prácticamente todos hemos conocido. Dice el mismo Señor: "¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque esas llegasen a olvidar, yo no te olvido. ¡Míralo! En las palmas de mis manos te tengo tatuado". Por eso puede decir que es Dios quien tuvo los cuidados propios conmigo de papá y mamá: me enseñó a caminar tomándome de los brazos, es su amor el que se inclinaba hacia ti y te daba de comer, era él el que te alzaba sobre su mejilla a través de tu papá, "pues cual la ternura de un padre para con sus hijos, así de tierno es el Padre Dios para ti". Ese amor que recuerdas, de tus papás, de tus hermanos, de aquel profesor, de aquel amigo, de aquella amiga, de aquel sacerdote... son pruebas de las cuerdas humanas y lazos de Amor de Dios, te envía mensajeros, como a mí ahora, pero no para que te quedes con ellos, sino para que reconozcas que todo amor verdadero, puro y sincero procede de Dios. Quizá has vivido sin darte cuenta de ello, sin darte cuenta que la procedencia de todo amor es divina, sin darte cuenta que el Padre es quien cuida de ti, y no te sentiste amado por él. Pero hoy puedes tener más experiencia de este amor de Dios. Simplemente, reconócete amado por Dios a través de las personas que más te quieren, pero sin quedarte con ellas que tarde o temprano te pueden fallar, sino yendo al Manantial de todo amor, afecto y cariño, porque el amor es de Dios y viene de Dios. Dios te está esperando, Dios está esperando un momento como este contigo desde hace mucho tiempo: ¡Reconócelo!

            El Amor del Padre no olvida. Quizá creas que Dios te ha arrinconado, que en ciertos momentos difíciles de tu vida te ha abandonado; quizá las circunstancias de tu vida sean difíciles de comprender o te parezcan muy duras; quizá pienses que es castigo o pruebas que Dios te pone. ¡No es verdad! ¡Dios ni castiga ni prueba a nadie! Estas situaciones que te han podido ocurrir, o esos momentos en que te descubres como odiado, marginado, despreciado por los demás o por ti mismo, esas situaciones no son más para que te des cuenta que no puedes mantener la confianza ni en los demás ni en ti mismo ni si quiera en las cosas de este mundo, sino solamente en Dios.

            Dios no quiere el daño ni el sufrimiento de nadie, todo es consecuencia de confundir nuestra procedencia y de nuestro libre arbitrio, de creer que todo es cuestión de autoestima, de creernos autosuficientes e independientes.

            Pero es el Amor de Dios que interviene en todas las cosas para nuestro bien, incluso en las que nos parecen confusas, porque respeta nuestro libre arbitrio en la construcción de nuestras vidas, aunque la construyamos irresponsablemente, u otros con su libertinaje nos hagan daño. Dios permite, pero nunca provoca el mal ni si quiera el Amor divino se impone nunca a nuestra naturaleza, solo espera nuestra respuesta. Del Amor divino solamente viene lo bueno, lo agradable, lo perfecto, aunque a veces nos parezca, por nuestra inteligencia y voluntad heridas, no tan bueno ni tan agradable. El Amor divino siempre desea nuestro mayor bien, no según nuestra voluntad herida, sino según la voluntad del Padre, que sabe mucho más que nosotros, ¿verdad?

            Recuerdo una muchacha en Medellín, Colombia, que pasaba por momentos muy difíciles: sus propios papás se olvidaron de ella y la abandonaron. Ella estaba sin saber adónde ir. Vino un momento a hacer oración ante el Santísimo, cuando de repente la vi sufriendo y llorando. Después de un rato me vino a decir con alegría: "Aunque mis padres me abandonen, yo sé que el Amor de Dios no me deja nunca. Por eso sé que él me hará sentir el calor de hogar y me protegerá".

            ¿Crees que Dios puede llorar? Pues está llorando ahora, con solo saber de ti. Dios sigue llorando y sufriendo por amor al ver que usamos mal nuestro libre arbitrio, lo usamos para odiar, para hacer sufrir. Por eso nos pide y suplica que descubramos el Amor, su Amor, no solo tú, sino también los que más sufren en esta tierra, porque son su preferencia, y de esta manera a todas las gentes.

            Muchedumbres en la historia han sabido mostrar y anunciar este Gran Amor divino. Así lo hizo el P. Maximiliano María Kolbe. El 28 de mayo de 1.944 llega a Auschwitz el P. Maximiliano, a un campo de concentración nazi. Pasaba el tiempo, los días eran agotadores y las noches de pesadillas interminables y siempre se escuchaba de su boca: "El odio no soluciona nada. Solo el Amor salva". Un día se escapó un preso y los nazis determinaron diezmar, esto es matar a uno de cada diez. Contando, quedó libre el P. Maximiliano, pero le tocó a un papá de familia que exclamaba: "¡Uy, mis hijos!".

           
El P. Maximiliano salió de la fila y le dijo al comandante nazi: "Él es padre de familia. ¿No les importaría que muriera yo en su lugar?" Los nazis aceptaron. Kolbe y nueve presos más fueron introducidos en unas celdas subterráneas donde sin comida y sin agua esperaron su muerte. Decían que estaba tan contento el P. Kolbe de haber entregado su vida, que se pasó en la celda cantando, animando y anunciando el Amor del Padre hasta que no tuvieron más remedio que inyectarle veneno para que muriera.

            Del mismo modo, el Amor del Padre envió a su Hijo único para que entregara su vida por nosotros para manifestar la mayor prueba de amor.
 

            El Amor de Dios Padre, te amó, te ama y te amará siempre, así se autodenominó el Señor cuando Moisés le preguntó por su Nombre: "YHWH" "Yo soy el que soy" se traduce, pero su sentido es pasado, presente y futuro, y con la Revelación de San Juan sabemos que Dios es Amor (1Jn 4,8.16), esto es si el Ser de Dios es Amor, es por tanto el que amó, el que ama y el que amará siempre.

            "No temas. Yo estoy contigo. Eres valioso y yo te amo. Mira que eres precioso a mis ojos y yo te amo" "Tú eres mío! ¡Eres mi hijo! ¡Yo te he engendrado hoy!".

            El Amor de Dios se nos manifestó por la Creación , se nos sigue manifestando como nuestro fundamento, nuestro sustento, nuestro sostén en el ser, partícipes de su ser, de su amor. Pero no es su proyecto la creación por la creación, ni el sostenernos en el tiempo, sino que su Proyecto es eternidad, porque el Amor de Dios es eterno, con amor eterno nos ha amado y nos quiso santos, inmaculados,  hijos, redimidos, perdonados, en comunión perfecta con su Hijo Único en el amor.

            El Amor no quita nada, ¿por qué le temes? el Amor expulsa todo temor. ¿Por qué no le concedes una oportunidad? Así nos dice: "Cuanto más te llamaba por tu nombre, más te alejabas de mí" y así más necesitados de su Amor nos encontramos... Sigue diciendo: "¿Eres un hijo tan caro para mí  o niño tan mimado que tras haberme dado tanto que hablar, tenga que recordarte todavía? Pues, en efecto, se han conmovido mis entrañas por ti: ternura hacia ti no ha de faltarme".

            El Amor nunca se cansa de esperarte, con amor eterno se compadece, aún más, tiene reservado mucho amor si le reconoces. Te dice: "Mira que estoy a la puerta llamando; si alguno escucha mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenará con él y él conmigo". Así es el Amor del Padre Dios, con "respeto" te llama, te quiere atraer, pues es Amor y no se impone sino que "atrae", seduce y conquista. Si no le abres, él espera y vuelve una y otra vez a insistir llamando a la puerta de tu corazón.

            Ofendes a Dios en la medida que te haces tanto daño a ti mismo, porque es Padre y Madre, decía Juan Pablo I. Dios sufre al ver que no usas tu libre arbitrio para su Amor. ¿Por qué no le abres tu corazón? Hoy puede ser el mejor día de tu vida, ¡ábrele!, ¡no quedarás defraudado!¿Qué es lo que el Amor espera de ti? Sencillamente que le hables, que le muestres tu afecto, tu cariño, tu ternura, que le digas: "Papá". Dios quiere tu corazón, tu amor de Hijo para hacerlo uno con el suyo y puedas así amar con Él y como Él, pues esa es la máxima felicidad humana: amar como Dios en comunión de voluntad, en un misterio en el que Él no deja de ser Él ni tú dejas de ser tú, pero en unidad, en comunión. ¿Por qué? Porque Él es Padre y nos quiere hijos, quiere que nos mantengamos en sus palabras para así permanecer en su amor, para depender amorosamente de él.

            La parábola del hijo pródigo que cuenta el Evangelio nos sucede cada vez que pretendemos apropiarnos de las creaturas "por derecho" olvidándonos del Creador. El problema es que la independencia y autosuficiencia nos lleva a las máximas cumbres de la miseria.

            El hijo le pidió la herencia que le correspondía para irse de casa y hacer vida por su cuenta. Una vez se marchó, malgastó todo hasta quedarse en la miseria. Pero lo que más duele no es la miseria "material", sino la miseria espiritual, la de quedarnos sin el Amor. Es la situación tan miserable que llegamos a trabajar cuidando cerdos, hasta el punto que queremos comer la comida que dan a los propios cerdos, llegamos a adorar otros dioses que no son Dios, son los ídolos, como el dinero, la codicia, la soberbia, entre otros... como en la parábola, nos quedamos enredados en las preocupaciones y tensiones de una vida meramente terrena, que si el comer, el vestir, el día de mañana, si estudios, si trabajo... pero al faltarnos el Amor divino, es como querer alimentarnos de la basura, de cosas que no nos van a dar la felicidad de ser hijo del Amor, sino la desgracia de la orfandad.

            Sigue contándonos la parábola cómo esperaba el Padre a este hijo. En ese corazón el amor por el hijo no había mermado, por el contrario, se había dilatado más. El Amor es así, espera siempre, sabe que nuestra mayor dignidad se encuentra en la convivencia con él, en la comunión con Él. El Amor me quiere en casa, no quiere mis cosas, me quiere a mí, no quiere verme con la afectividad rota, sino con un corazón lleno y rebosante de Amor como el de su Hijo Jesús en la cruz. Mucha gente cree que el amor no vale para nada y lo reduce a un sentimiento, pero hemos sido creados para él, y nuestro corazón andará inquieto hasta que no descanse en él.

            El Amor por tanto, no consiste en "el dar la herencia" como en el caso del hijo pródigo, esto es un primer paso, es lo que hizo el Señor al darnos la Creación... sino en el poner todo en orden al Amor hasta el punto de dejarlo todo y dárselo a los pobres, negarse uno a sí mismo, tomar la cruz de cada día y seguir los pasos del sacrificio, de la entrega, de la donación... porque tanto el hijo que abandonó al Padre como el hijo mayor que estaba "entre las cosas del Padre" se encontraban de hecho igual de perdidos. Lo importante, y pocos lo descubren es la relación filial con Dios, la dependencia "amorosa" de él.

            Démonos cuenta que es igual de "mala" la independencia de Dios -hijo perdido- que la dependencia ciega -hijo mayor-, pues el Señor dice: "Amor quiero". Lo importante no es "derrochar" los dones de Dios o sus bendiciones o dar cuentas, ni si quiera tenerlo todo (Todo lo mío es tuyo), sino la comunión de voluntad con Dios, es cuestión de Amor. ¡Solo lo entiende quien ama! ¡Quien no ama es como quien está ciego, no ve! El Señor quiere mi corazón, no quiere "tus cosas", te quiere a ti. ¿Te das cuenta?

            Recuerdo una noche, que íbamos un misionero y yo muy tarde en moto por Medellín, Colombia, cuando me di cuenta que en una esquina de un parque se encontraba alguien que se me hacía conocido, y vi que comía algo de la basura. Nos dimos la vuelta hasta llegar donde él estaba. No me había equivocado, era un joven del cual me había hablado su padre unos días antes, nos suplicaba que le ayudáramos a encontrar a su hijo. Yo le dije: "¿Qué haces aquí tan tarde?" Él me respondió que le querían matar por cuestión de drogas.

            Pues puede ser que nos encontremos nosotros en esa misma situación, viviendo fuera de la casa del Padre, enredados en preocupaciones y tensiones por el comer, el vestir, el día de mañana, los estudios, el trabajo, pero si me falta el Amor del cual procedo, si no me sé sostenido por él, es como si deseara alimentarme de la basura, de cosas que no me van a dar sentido a mi vida ni me van a sostener, un hijo sin Padre, un huérfano.

            No nos pase como a aquel otro joven que quería divertirse y disfrutar de la vida, y para ello abandonó a su madre. Ella era de un pueblo muy miserable, y quitándole toda la herencia, el joven se marchó, se compró un coche de lujo y se gastaba el dinero en borracheras, fiestas... Un día su mamá cayó muy enferma, que si no le llevaban a la capital moría. Fue un vecino a encontrarse con el hijo, cuando lo encontró por la carretera, le contó lo de su madre, y él le respondió con desprecio e indiferencia. El vecino le dijo: "Pero... ¿no te das cuenta? ¡Es tu madre!". Que no nos pase esto con Dios, nuestro Padre, solo Amor, todo Amor y nada más que Amor. ¡Acerquémonos a él! Nuestro Dios solo quiere acogernos y abrazarnos. ¡No seamos ingratos! ¡Dirijámosle la palabra! ¡Hablémosle! ¡Digámosle Papá!

            Esto me recuerda a aquel papá que tenía un hijo en estado vegetativo, en coma, después de una operación de vida o muerte. El papá no se apartaba nunca de su lado para captar cualquier leve movimiento de su hijo. Después de días sin dormir ni casi comer, el hijo abrió los ojos y dijo: ¡papá! ¡Qué alegría si tú, hoy, aquí y ahora pudieras abrir los ojos y decir papá! Dios espera que lo reconozcas, que reconozcas el Amor del que procedes.Quizá pensemos estar ya en la casa del Padre, entre sus cosas. Pero ¡cuidado! no nos vaya a pasar como le pasó al hermano mayor de la "parábola" que contó Jesús. Al ver venir a su hermano, no quiso entrar en la fiesta porque estaba irritado. Le dijo al Padre: "Hace tantos años te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos, y ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado". Podemos estar entre las cosas de Dios y olvidarnos que lo importante es su Amor, la relación de hijo a Padre. Creyendo que Dios va a recompensarme según mi servirle -de siervo a amo-, me voy a dar la gran sorpresa al saber que Dios solo quería mi corazón de hijo, y no mis cosas ni mi "administración" de los bienes terrenos.

            Fíjense que el hijo mayor se refiere al otro diciéndole al Padre: "ese hijo tuyo", y el Padre se refiere al hijo reencontrado diciendo al hermano mayor: "...este hermano tuyo". Dios quiere amor misericordioso. Si amamos a Dios no serán tan importantes "las cosas", sino el corazón amoroso: un corazón que siente amor del Padre y que nos regala amor fraterno, amor de hermanos. Amar al Padre significa amar lo que Él ama, como dice el refrán: "Los amigos de mi Amigo son mis amigos".

            ¿Cómo pagaré al Señor tanto bien? Madurando en el amor. No quedándome en el deseo primario de buscar mi propia felicidad e interés, sino responder al amor divino que se me ha manifestado hasta estar dispuesto a sacrificar mi propia vida por él, gozar en el salir de mí mismo amando a Dios como él me ama. Al conocer y creer en el Amor de Padre, no cabe más que responder con la misma moneda, pues el Amor con amor se paga. Y eso mismo es lo que Dios quiere de mí, que funda mi corazón con el suyo, que comulgue con su voluntad, que sea propiamente hijo suyo.

            Si Él me ama así, no cabe más que responder a ese amor con el espíritu de hijo que me ha donado. Conocer el Amor del cual procede me lleva a ser Amor para los demás, me convierte en una Carta de Amor viva para la Creación y para la Humanidad entera, como lo fue Madre Teresa de Calcuta, o Charles de Foucault, o P. Pío de Pietralcina, tantos y tantos... Una carta de amor viva, de carne, me convierte en mensajero y mensaje. Entregarme confiadamente al Amor. Muchos viven ajenos a la dignidad de hijos del Amor, viven como huérfanos, como yo vivía antes.