Logo
DISCIPULADO
Vida de Gracia

TU VIDA ES PARA EL AMOR

 

            ¡A ver! Entre los que puedan leer esto: ¿Quién de ustedes ha encontrado un amor sin límites?, ¿Quien ha encontrado un amor enteramente fiel, inquebrantable, que no cambie?, ¿Quién halló un amor que le escuche siempre, que le entienda y comprenda cada momento y en cada situación y salga constantemente a su encuentro?, ¿Quién ha encontrado a alguien realmente enamorado de él, que piense y sienta lo mejor para él, pero sin ningún interés?

            Estoy realmente impresionado al darme cuenta que cuando hemos cantado por todas partes de este mundo al Amor sin límites, a todos, sin excepción, les encanta. Y me pregunto: ¿Por qué? No encuentro otra respuesta más que todos escuchamos la voz de Dios, la voz de aquél amor ilimitado al que todo el mundo tiende y va dirigido.

            Realmente todos buscamos un amor así, desde el momento en que nacemos. Nuestra vida fue creada para un amor de esta calidad, un amor que es posible y que yo lo he encontrado. Lo buscaba fuera y resultó que lo tenía dentro. Un amor ilimitado solo es posible en un Dios así. Y este es nuestro Dios: amor perfecto al cual tiende toda mi vida, porque tu vida y la mía ha sido creada para este amor perfecto.

            Nuestra vocación es el Amor, y por mucho que vayamos negándolo, no tenemos otro destino: la clave de la felicidad se encuentra en ordenar mi vida en función del Amor perfecto que no se encuentra en lo limitado, pasajero ni caduco. Quien encuentra a Dios en su corazón encuentra un tesoro, de tal manera que se olvida de todo, de sí mismo y de todos para adquirir este tesoro que pocos descubren. Yo he encontrado este tesoro: un amor sin límites y no lo dejo por nada ni por nadie de este mundo.

            Como una flecha dirigida al blanco así nuestra vida está orientada al Amor de Dios. Como hierro atraído por un potente imán así nuestra vida está atraída por el Amor sin límites de Dios. Lo que sucede es que muchas veces confundimos el objetivo, pero nunca dejamos de ser atraídos por este Dios que es Amor. Por esto se atrevía a decir un santo francés: "Cuando veo a un joven entrando en una casa de prostitución, estoy convencido, que en el fondo, está buscando a Dios".

            No hallaremos satisfecho este sentido de nuestra vida ni nuestros deseos de amor hasta que tengamos un encuentro con Cristo vivo. Es de este modo que diría también San Agustín: "Nos hiciste para Ti, Señor, y nuestro corazón no descansará hasta que repose en Ti". Nuestro corazón anda como un león hambriento de tres días en busca de un poquito de afectividad, de un poco de amor, y no hay ningún tipo de amor que nos pueda bastar si no damos con el amor perfecto de Dios. Es como si Dios nos hubiera herido de amor, esto es, nos amó de tal manera desde la Creación del mundo y nos sigue amando con tal calidad, que hasta que no dé con él y me convenza de que mi vida va a orientada a él porque es suya, mi corazón y mi afectividad no descansará. Fue Dios mismo quien puso en nosotros la sed de amor perfecto, sed y hambre de Dios, por eso lo buscamos.

            Desde que iniciamos nuestra vida como niños ya andamos deseosos y ansiosos por ganar un poco de afecto. Cuando nos encontrábamos en el seno materno ya fuimos envueltos de afectividad, dicen los entendidos que hay una relación muy especial con los sentimientos de la madre, hasta una comunión en el pensar y sentir de la madre. Llega el momento de la primera crisis cuando tuvimos que salir de ahí, es el primer momento en el que maduramos en el amor. Era necesario salir de nosotros mismos y del seno de la madre. Pero así y todo iniciamos con nuestro primer llanto, y no callamos hasta que nos pusieron sobre el pecho de nuestra madre y sentimos su corazón, y nos dormimos en ese abrazo maternal. ¡Qué a gusto en ese calor de mamá! Poco a poco hemos de ir madurando y saliendo de la etapa materna. Ya crecidos, solo buscamos cómo llamar la atención para ser valorados, y vamos estudiando los gestos o balbuceos que roban una sonrisa en los demás o una mirada de afecto. Y... ¡Ay, si no nos hacen caso! Éramos capaces de dar golpes a la pared con la propia cabeza para arrancar una simple mirada. Pero en la medida que seguimos madurando nos damos cuenta que no existimos solo nosotros en el universo ni que somos el ombligo del mundo, hay otros que atraen las miradas de la gente, caemos en cuenta que no somos ese centro del mundo, vamos entendiendo que no solo se trata de recibir afectividad, pues sería realmente quedarnos en una etapa infantil, sino que la vida es compartir, dar amor, y es que hay más felicidad en dar que en recibir.

            Pero los deseos que tenemos de niño y que todavía buscamos no son para ser reprimidos, son para ser saciados. Ese amor y calor de madre no pasa: ¡está! ese amor que busca llamar la atención para ser valorado no es una simple etapa de la vida: ¡está!, ese amor que busca sentirse el centro del mundo, no lo hemos de desechar: ¡está! E igualmente, recibir y dar amor es posible. Los demás no nos van a saciar nunca estos deseos de amor, porque como vemos pasan, terminan, acaban. Solamente el Amor de Dios es capaz de plenificar nuestra afectividad. Si hoy damos con el Amor Perfectísimo y Santo que sacia nuestra sed, encontraremos la clave de la felicidad, ¿cómo? Encontrándote con Dios. Él te ofrece el agua y el alimento que te puede saciar, de tal manera que de tu interior saltarán ríos de agua viva, ríos de amor, porque habrás dado con el Manantial de todo Amor, pues el Amor es de Dios y viene de Dios.

            Observando a la gente, me doy cuenta y me duele mucho que no conozcan el Amor, no se han encontrado con el Amor divino, y su vida se reduce a un andar detrás de "amores" instantáneos. Ya decía Dostoviesky una gran verdad: "un instante de amor no basta para una vida humana". Es lamentable que no hayan descubierto la auténtica dicha y felicidad o que digan que la dicha se reduce a lo que viven y no buscan más, sino que viven resignados y en desesperación. No es que dejemos de estar atraídos por el Amor, pero no hay ningún tipo de "amor" de esta tierra que les pueda llenar, y no son libres, sino esclavos de un "amor" limitado, quebradizo, aparente y muchas veces ausente. Esto lleva a la gente a que vivan con su afectividad rota, con un amor desengañado, o peor, a buscar ese amor en sí mismos, en la falsa y traicionera "autoestima", llegan a creer que no existe el Amor. ¡Es mentira! El Amor no viene de nosotros ni sale de nosotros, el Amor es de Dios y viene de Dios, y nosotros hemos conocido el Amor, lo que sucede es que no lo han encontrado por eso lo niegan o muestran indiferencia o se cruzan de brazos en la búsqueda. "Yo encontré el amor de mi alma, lo aprehendí y no lo soltaré".

            Todos andamos en busca de felicidad, de conseguir amor, de tener una afectividad realizada, un corazón lleno. Todos corremos en búsqueda de sentirnos amados y poder amar, de sentirnos comprendidos y comprender, de ser consolados y consolar, de ser perdonados y perdonar.

            Es así cuando una muchacha pasa de ser niña a mujer o de mujer a madre: antes, todo es un pensar en sí misma, perezosa e introvertida, pero cuando llega a ser mujer o ser madre todo es un olvidarse de sí, y consagrarse a la nueva vida, a su hijo, todo en función del hijo: no le importa al tener que levantarse cada tres horas por la noche a darle de comer al bebé, a vivir pendiente de él... Recuerdo a mi hermana pequeña, que era introvertida y vergonzosa, hasta que un d?a vino saltando de alegr?a y hablando con todo el mundo, hasta con los vecinos ¿Qué pasó? Sencillamente había encontrado a su media naranja, y más cambió todavía cuando tuvo la primera hija: nunca había conocido a mi hermana tan responsable y consagrada. Es el momento en que nos encontramos fuertes para dar, para complacer al otro. Pero todo queda corto y en desengaño si no damos con quien nos complace y podemos complacer de verdad: solo Dios.

            También sucede con los muchachos. Andamos buscando los ambientes o personas con las que creemos que vamos a conseguir valorar y ser valorados, creyendo que ahí se encuentra el amor o la felicidad. Buscamos la máxima compenetración con el otro, sentirlo en la memoria, en los sentimientos, poseerlo de alguna manera, incluso dejamos nuestra forma de pensar y sentir y de ser para que los otros nos consideren, tendiendo a pensar como los otros para quedar bien, para la notoriedad, para que de alguna manera me sienta considerado. Según el ambiente en que nos movamos así terminamos. Todo tiene una razón o motivo: saciar nuestro deseo de amor... aunque la mayoría de veces lo buscamos en lugares equivocados. Es un dato alarmante que los adultos se encuentren muchas veces en etapas infantiles y adolescentes, fruto de una afectividad enferma y rota.

            Buscamos conocer y ser conocidos. El problema afectivo se encuentra en dónde ponemos nuestro corazón o nuestra estima o donde buscamos este sentirnos útiles o amar. ¿Qué amamos? ¿A qué pretendemos asemejarnos? ¿Al ambiente? ¿A la gente? ¿A la moda? Recuerdo que este instinto es bueno porque nos hace ver que necesitamos urgentemente alguien con el que unir nuestras aspiraciones, ilusiones y pasiones. Es así que nos unimos a distintas peñas o grupos o asociaciones, que si soy del Barsa, del Madrid, del Municipal, de Comunicaciones, del Xelajú, que si mi actor favorito es tal o cual, si mi música con la que me identifico es ésta u otra, si mi cantante, si ... ¡tantas cosas! ¿Verdad? Pero, ¡cuidado! porque si tu tesoro donde pones el corazón se reduce a estas cosas, estamos perdidos, porque tarde o temprano perdemos nuestra originalidad y nos vamos a estallar frente a un muro, el muro de la depresión y la angustia construido por las apariencias o fantasías.

            Podemos observar otra manera de enfocar nuestra afectividad en el proceso de enamoramiento humano, en qué sucede cuando uno se enamora por primera vez. Recuerdo un amigo que iba siempre despeinado, con el pelo largo, hecho un desastre, cuanto tuvo su primer despertar en el amor. Dejó su forma de actuar y de ser con  tal de agradar a su pareja: al día siguiente bien duchado, con el pelo cortito y bien peinado. Esta compenetración de vida y de amor con los otros, igualmente sólo puede ser colmada verdadera y auténtica y plenamente por nuestro Dios.

            Recuerden la Escritura : "Maldito el hombre que se fía de otro hombre", maldito el hombre que pone toda su esperanza en esos amores igual de limitados que el propio, maldito el hombre que pone su mirada en el dinero, o se instala en las cosas de esta vida, o se deja engañar por anuncios mentirosos y se deja arrastrar por los caprichos de la moda, o se deja corromper por charlatanes. De tal manera que perdemos nuestra libertad, el ambiente manipula y confunde toda nuestra creatividad y te envuelve en su "respetable" sociedad. No podemos asesinar el amor en aventuras pasajeras, buscando la evasión ante la vida que se escapa. Esclavos del consumo y el confort o bienestar, de la cultura de la abundancia protestante... y todo por conseguir un poco de afecto que hoy es y mañana se convierte en desprecio.

            ¡No se dejen engañar! Yo quiero anunciarles y hablarles que he encontrado lo que todos buscamos, simplemente les invito a experimentarlo y a probarlo. Yo también buscaba fuera lo que tenía dentro: es el gran Tesoro del Amor de todo un Dios por mí, un Amor que me conoce, que me entiende, me comprende, que no se ausenta, es inquebrantable, eternamente fiel ... ¡conócelo tú mismo! ¡Fuera no hay más que amores limitados y caducos! Los amores que hay por fuera, los amores del mundo, incluso los "buenos o legítimos" no son más que basura comparado con el conocimiento del Amor divino, todo es pérdida al lado del Amor de Dios.

            ¡Entiéndanme! El Enamorado no busca las "cosas" del amado, sino su Persona ... porque hoy en día hay mucha gente que confunde las cosas de Dios con Dios, esto es la idolatría (solo van a su dios por la milagrería y curandería por el mal interpretado "ciento por uno"... no saben ni conocen el Amor ni qué significa Amar). El Amor es desinteresado, gratuito ... ¿Han oído hablar de Jesús de Nazaret?

            ¿Qué eligen? ¿Un amor que lo conoce todo de mí o un amor ante el cual tengo que aparentar o tenerle miedo? ¿Un amor indefectible o un amor quebradizo? ¿Un amor inmutable en su fidelidad o un amor infiel a primera de cambio? ¿Un amor siempre presente y eterno o un amor de ratos? ¿Un amor esponsalicio o un amor posesivo? ¿Un amor celoso o un amor dividido e indiferente? Este mundo con su gente no te dará lo que buscas de corazón: ni un amigo o amiga, ni una novia o novio, ni si quiera la esposa, ni un profesor, ni un hijo, ni una madre o padre. Nada ni nadie te puede dar el amor perfecto. Todos te fallan y te fallarán. Pon tu confianza solamente en Dios y él te saciará con el amor perfecto que necesitas.

            ¡Escuchen! Nuestro corazón está creado para ser imagen y semejanza, pero no del ambiente o de persona alguna, sino de un amor perfecto: de Dios. Solamente Dios puede saciarnos, en esta vida nadie puede satisfacer sus deseos y ninguna cosa creada puede saciar nunca el deseo del hombre, solo Dios puede saciarlo con creces hasta el infinito. Yo gusto y veo cada día el Amor de Dios: solamente quiero decirles que lo comprueben por ustedes mismos, que lo experimenten, que no lo conozcan solo de oídas, sino desde su Palabra y lo sensible de los Sacramentos de la Iglesia.

            En Dios Amor encuentro el amor de madres y de padres perfectos, el amor de hermano y hermana perfectos, el amor de un amigo y amiga perfectos, el noviazgo perfecto, el amor de esposa perfecta, el amor de hijo y de hija perfectos, el amor de nietos perfecto... Es el amor más familiar y más íntimo con el que me he podido encontrar. Y es para este amor perfecto de Dios que hemos sido creados y redimidos y santificados.

            El amor de Dios es omnisciente, lo conoce todo acerca de mí, pues soy suyo, de su pertenencia. Él fue quien me creó, que me construyó y me construye, quien modeló mi mente y corazón como arcilla en sus manos, sabe bien lo que pienso y siento, pues es más íntimo que yo a mí mismo. Y conociéndome me ama. No hay necesidad de prepararme en vestido o peinado o apariencias para poder verle o buscar palabras en el diccionario para hablar con Él. Él sabe lo que pienso y siento sin necesidad de esforzarme en decírselo. Él me conoce cuando me siento y me levanto, cuando me acuesto, cuando me canso, cuando me entristezco, cuando me alegro. Más aún, Él sabe muy bien lo que necesito en cada momento. Incluso me conoce mejor que yo a mí mismo, hasta cuando yo no sé ni siquiera pedir lo que me conviene. ¿Qué me falta en este mundo y qué le puedo pedir si al Amor al que aspiro ya lo tengo? ¡Nada! Es un amor que expulsa todo tipo de miedo, con el que me siento bien como soy y como no soy, me siento bien con lo que tengo y lo que no tengo, con lo que sé hacer y con lo que no sé hacer. Ante este Amor no tengo por qué ocultar nada, se caracteriza por la transparencia radical. Es como si pudiera ir con pantuflas todo el día, sintiéndome siempre como en casa, mi verdadera casa.

            ¿No es cansado tener que aparentar constantemente? ¿No nos cansa el hacer teatro para robar un poco de afectividad? ¿No nos cansan las sonrisas artificiales de nuestro mundo? Buscamos ser conocidos y que nos quieran como somos, y resulta que nos presentamos aparentando lo que no somos porque no nos aceptamos a nosotros mismos ni creemos que los demás nos aceptan. ¿No se cansan de sacar la brocha todos los días para pintarse la cara? ¿No se cansan de hacerse el "macho" o la "hembra" para que vean y digan? ¡Sé tú mismo, hombre! ¡Sé tú misma, mujer! ¡Eres como eres! Dios te conoce, y conociéndote te ama, no tienes por qué aparentar delante de nadie y menos todavía ante Él que es el Amor Perfecto. Y además, a sus ojos eres valioso y precioso y te ama -Is 43, 3-.

            No nos vaya a pasar como aquel que se casó con una de las mujeres más bonitas que uno se puede imaginar (y que parece que solo existen en las películas, en los concursos de Miss mundo o en pasarelas de moda). Pues cuando llegó éste a la noche de bodas, se presentaron en el lecho nupcial. Cuando el novio se disponía a desvestir a la novia... la novia le dijo: "Espérate un momento". Y empezó quitándose la peluca toda rubia. El novio quedó espantado y exclamando: "¿Eres calva y tu cabeza está llena de chichones!". Pero bueno, el novio pensó que no importaba, pues el resto del cuerpo seguía siendo bello. Ya iba de nuevo al ataque, cuando la novia le sigue diciendo: "Espérate otro poco" y se quitó el ojo de cristal... y después se quitó la dentadura postiza poniéndola en el vaso de agua, se lavó la cara y se descubrió su gran colador de pecas, hasta que se quitó el añadido de "pechos" entre otras cosas...

            Es chiste. Pero así nos puede pasar cuando ponemos la confianza en amores que tarde o temprano se van a arrugar, o en amores que no buscan más que aparentar, o que se nos puedan morir; cuando los descubrimos y les quitamos todas las caretas nos llevamos el gran chasco o sorpresa. El Amor perfecto de Dios va mucho más allá del sexo y de la riqueza material, es unión sobrenatural. El Amor de Dios no ve las apariencias -como ese pobre novio-, sino que ve el corazón, sin importar lo externo.

            El amor de Dios es indefectible y permanente. Es imposible pensar que se me pueda romper o acabar. Nada ni nadie nos puede separar, ni siquiera la muerte. No son amores pequeños o tesoros de esta tierra, donde todo se rompe o acaba, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban, el tesoro es el del Cielo, es el amor indefectible que no acaba, no existen ladrones ni polillas. Mi corazón no aguanta amores instantáneos o "light", está creado solamente para un Amor indefectible y permanente.

            ¡Qué terrible! ¿verdad? ¡cuando descubrimos que el otro que decía amarme no era sino por intereses! O como le pasó a aquel que le escribe una carta a la novia y le decía: "Te amo exageradamente. Ojala estuvieses aquí presente, pues tu ausencia me hiere y mata. Te amo de verdad, más que a nadie. Mis ojos se derraman en lágrimas cada vez que no te veo, mira hasta la carta que te escribo está mojada por mi llanto" ¡Bien!... después de escribirle toda una carta de ese modo... al final pone: "Posdata: Si mañana no llueve iré a verte"... ¡Qué horrible cuando confiando plenamente, el otro rompe la relación de amor conmigo o descubro su mentira! Incluso ya hay gente que se casa con "condiciones", obligando a firmar un contrato, sabiendo que muy rápido se va a "acabar" el amor (que lo reducen a simple sentimiento). ¡Mentira! El amor no se acaba, es que nunca hubo. Más todavía, solamente en pensar que se va a romper tarde o temprano la relación hasta nos angustia. Hay incluso patojas que por no perder a su pareja le entregan su cuerpo para que el otro se aproveche, con tal de que dure un poco más "el amor"... ¿Qué amor? ¡Dan lástima!. Muchas personas llegan hasta el suicidio por esto, por un amor no correspondido, o porque el otro no buscaba sino una relación meramente genital.

            El Amor de Dios es un amor permanente, siempre presente, eterno, no nos deja un momento solos, es un Amor cercano, de compañía, de convivencia, de presencia eterna. Puedo acudir en cualquier momento a Él porque espera hablarme, comentarme, pues Él sabe muy bien lo que deseo, aunque yo no lo sepa, y no se equivoca, siempre acierta en lo que nos hace falta. Es un Amor que no se aparta de nuestro lado por muy difíciles que sean nuestras circunstancias. El Amor de Dios es irrevocable, no como los falsos amores humanos que se mueven a la primera de cambio. Está el Amor de Dios siempre presente cual campeón poderoso. Toma en serio mi vida y no se ríe de mí ni de ti.

            Por mucho que nos ame una persona, hay momentos que uno prefiere estar solo. El otro no nos comprende plenamente y no puede saber qué es lo que realmente nos pasa. El otro se hace pesado y prefiero su ausencia. Incluso nosotros podemos pretender amar a alguien y no saber cómo hacerlo, no entender en momentos qué es lo que le ocurre. Son amores limitados que no pueden llenarme ni yo llenar. O cuando uno se encuentra en la etapa de noviazgo: todo muy bonito, pero después de una semana de haberse casado, uno se da cuenta que su pareja ronca, o peor, voltea de la cama y ve aquel monstruo a su lado y le dice: "no me había fijado en que eres tan feo o fea, o que olías tan mal...". O como aquella poesía que le escribía un señor a su señora: "Verdad que me has sido fiel, pero no compañera, no he conocido tu ternura, más te hubiera preferido infiel, pero con tu compañía y ternura".

            El Amor de Dios es un Amor al que puedo corresponder y complacer, puedo pagar con el mismo amor. Es un amor de correspondencia: no solo es recibir, es dar. Por eso busco serle útil y recrear y festejar a mi Amado, agradecerle, regalarle, agradarle. Puedo abrazarle tiernamente y permanecer en Él, en su compañía, en constante búsqueda y encuentro, un amor cada día nuevo y más atractivo. El Amor de Dios no quiere cosas, me quiere a mí, mi corazón, mi compañía. Lo fascinante es que puedo ser yo también complacencia de Dios, causa de su alegría. Es un Amor que me habla en mi mismo lenguaje, me siente, me recrea y me satisface y que al mismo tiempo yo le puedo hablar, sentir, recrear y complacer.

            Es un Amor que nunca falla. Yo le puedo fallar, pero Él vuelve e insiste; por eso busco agradarle, hacer su voluntad, serle cada día más fiel. De tal manera es el Amor de Dios que yo soy de Dios y Él es mío. Yo soy para mi amado y mi amado es para mí.

            Yo no soy discípulo-misionero de Jesús porque haya renunciado al afecto, sino porque he optado precisamente por tener una afectividad realizada, sin roturas, sin divisiones. He optado por el afecto divino, por un amor sin límites. ¡Eso sí! He renunciado a todo tipo de amor limitado. El amor humano es bueno, pero limitado sin la ayuda de la Gracia , del Amor Divino. Por eso hago voto de riqueza en el Amor de Dios, de placer fecundo en el Amor de Dios y de honor eterno en el Amor perfecto. No quiero servir a amores que se me puedan acabar o me puedan fallar. Queremos como discípulos de Jesús, mostrar al mundo que solo Dios basta.

            El discípulo de Jesús vive en estado de noviazgo, y todo enamoramiento es falso si no está basado en el Amor de Dios. Mi vida es un vivir atraído por la forma de pensar de Dios, me fascina cómo piensa Dios y quiero pensar como él, mi vida igualmente es verme muy atraído por los sentimientos de Dios, y lo que quiero y busco con gran deseo es tener sus mismos sentimientos, quiero ser, hacer, decir, poder y saber como Él: quiero la comunión. Y yo sé que lo quiero porque Dios lo ha querido primero, quiere comulgar conmigo hasta llegar a una unión más fuerte que la de carne y sangre: con Dios tengo una amistad que llega al nivel de auténtico noviazgo, es Dios quien se casa conmigo y me quiere hacer feliz, y yo también puedo complacerle, hasta tener una unión íntima: espiritual y carnal (comiendo su Carne y bebiendo su Sangre), con el fruto propio de los hijos: la fecundidad espiritual, multitud de discípulos.

            ¡Quien a Dios tiene nada le falta! Pero, ¡cuidado!, ¡quien a Dios no tiene, nada le basta! El Señor nos quiere felices, perfectos en la Caridad , santos en el Amor.

            Dios se ha enamorado de ti, se ha fijado en tu pequeñez y te quiere hacer simplemente feliz. No quiere tus cosas, te quiere a ti, para llenarte de Amor perfecto. Su amor es tan loco que se pone a tu servicio, y me envía a ti para que te lo comunique. Dios quiere tu corazón, tu amor. Dios quiere que seas esposa y madre, que sea grande tu descendencia. 

            ¡¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!!