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TU VIDA ES AMOR
No nos vaya a pasar lo que le pasó a un catequista que viajaba en avión e iba leyendo un libro para preparar su doctrina que iba a dar. De pronto el capitán del avión toma el micrófono para hablar con los pasajeros y dice: "Señores pasajeros, lo sentimos profundamente, pero quedan dos minutos para que este avión se estrelle contra una montaña, así que les aconsejamos que tomen sus pasaportes o identificación y se lo pongan entre los dientes para facilitar la identificación de los cadáveres, puesto que la esperanza de supervivientes es cero, solo yo que me voy con mi paracaídas". Como se podrán imaginar todo el mundo se puso con gran ansiedad y muy nervioso. De repente alguien supo que se hallaba entre ellos un catequista y le exigía: "Haga algo. Por favor" y contestó el catequista: "¿Y qué puedo hacer yo?" y le replicaban: "Haga lo que sepa hacer". El catequista se puso de pie, tomó su sombrero en la mano y pasando por los pasillos del avión empezó a decir: "La limosna pa´la parroquia, la limosna pa´la parroquia".
¿Qué nos ofrece el cristianismo? ?Qué nos da el ser cristiano? Si sólo tenemos la esperanza en Dios para las cosas de esta tierra seríamos los más infelices de todos los hombres, dice San Pablo.
Al conocer el Amor de Dios como Padre, algo cambia en nosotros y tanto... es una experiencia de intimidad y de auténtica felicidad que no cambiaríamos por nada. Nos hemos sentido amados, irrepetibles e insustituibles, nos ha sido dada una identidad que consiste en amar como el Amor ama,
la Palabrarecibida nos ha dado una vida nueva, pues no podríamos amar como el Amor si no tuviéramos
la Vida del Amor, porque es el Amor el que nos da Vida, pero el Amor del cual procedemos.
No sé si habrán pensado alguna vez en esto que les voy a decir, pero yo me imagino este mundo como un gran mercado, en el que hay diversos y variados productos a elegir libremente. Nadie se resigna a estar como está. Lo que buscamos todos es adquirir el producto que nos dé mayor plenitud de vida y de amor, esto es vivimos para ser felices. "No hay para el hombre más felicidad que alegrarse y buscar el bienestar de su vida", diría Qohelet. El problema se encuentra cuando no somos capaces de trascender en nuestra vida, cuando ponemos la vida en el mundo y sus cosas, y somos incapaces de interiorizar para descubrir nuestra identidad y vivir la espiritualidad, esto es, descubrir que Dios es más íntimo que yo a mí mismo, y desde esa interioridad que nos acerca a Dios fundamentar todo lo demás.
Nos podría pasar como aquella señora que también buscaba el mejor producto para su vida, e iba pensando: ¿Qué comeré hoy?, ¿Qué vestiré?, ¿Qué puede hacer yo? ¿Qué será del día de mañana? Fue al mercado del mundo, e iba eligiendo los productos que le parecían mejores para disfrutarlos y ahí, tomaba el producto, lo tocaba, lo olía, lo probaba, y si le gustaba lo tomaba y si no, lo dejaba. En su mente tenía la idea que la vida era para comer, beber, vestir bien, banquetear, disfrutar de todo y descansar como "bendición" de Dios. Sus valores los fundamentaba en el tener -dinero, salud, afectos, quedar bien-, el poder, el saber entre otras cosas: su lema era algo así como: "el hombre vale por lo que aparece" que es como todos hemos pensado alguna vez ¿verdad?
La vida es ganada por el buen mercader que sabe elegir la perla preciosa: el vivir nuestra auténtica identidad de hijos de Dios. Y esto se vive desde la interioridad, porque el fundamento de nuestra vida no se encuentra, como pensábamos antes -quizá- en la exterioridad, sino en nuestra vivencia espiritual: ¡el hombre vale por lo que es!, desde nuestro nacimiento hemos sido llamados a dialogar con Dios y nuestra máxima dignidad humana se encuentra en la comunión con él.
En cierto sentido la señora y muchos no se engañan en el objetivo, sino en los medios. Y es verdad, ¿quién de nosotros vive para ser un frustrado? ¿Quién vive en función de la infelicidad, para la soledad y el aburrimiento? Es claro que ninguno de nosotros se resigna a no ser feliz, no vivimos para sobrevivir como lo hacen los animales por su instinto. Lo que realmente nos distingue de los animales es que vivimos en función de nuestra felicidad. No queremos solamente 'vivir en el tiempo', sino que nuestra vida sea abundante, sea plena. Y cada uno toma como medio lo que cree que le ofrece más, pues tenemos libre albedrío para elegir y optar por una cosa u otra. ¿Quién no desea que su vida se prolongue y gozar así de días felices?
Pero, ¿elegimos bien? ¿Optamos a ciegas o es fruto de reflexión, de interiorización? Si vivimos y seguimos vivos es por alguna razón, algo que nos mantiene: ya sea la esperanza en estudios, trabajo, novio o novia, en los hijos, en los padres. Este 'instinto' es bueno porque nos apunta a la felicidad, pero hemos de desarrollarlo, purificándolo y orientándolo bien. Pensemos en cuáles son nuestras esperanzas, en dónde buscamos nuestra vida, qué medios pongo para llegar a ser feliz. Esto solo se puede dar en la interioridad.
Todos hemos tenido experiencias de momentos disfrutados, y desearíamos de algún modo alargarlos si fuera posible: experiencias de intimidad con el otro gozosamente compartida, experiencias de paz y armonía de corazón, donde nos hemos sentido de algún modo bien con nosotros mismos, esas fiestas desbordantes, esas experiencias de solidaridad en los esfuerzos, experiencias de disfrutar y gozar de la naturaleza. Son esos momentos de felicidad verdadera, de alegría limpia, de amor transparente e intenso, los que nos permiten presentir y escuchar mejor en el fondo de nuestra interioridad el destino último de nuestra vida: la eternidad.
¿Verdad que buscamos esa vida abundante y plena? ¿Verdad que buscamos un fundamento firme para esta vida y descubrimos que no puede ser la apariencia, sino el ser? ¿Verdad que buscamos inmortalizar o eternizar las experiencias verdaderas de felicidad y gozo que al fin al cabo quedan pasajeras? ¿Te has preguntado alguna vez por qué?
Como venimos meditando, existe en apariencia una realidad triste y hasta frustrante: hay situaciones límite con las que nos encontramos de frente constantemente, ya sea el absurdo de aspiraciones que no llegarán a su fin o que ni siquiera la sociedad me dará opción a conseguirlas (estudios, exámenes de acceso, puestos en el trabajo, un amor fiel, entre otras cosas). Pero la peor situación se encuentra en la soledad, en la monotonía de hacer siempre lo mismo, o en el no hacer nada, esa soledad o situación que hace ver cómo el tiempo pasa y pesa, el fracaso en los estudios, en el trabajo, en las relaciones: y nos dejamos dominar la mayoría de veces por esos sentimientos que son como veleta, un momento bien, otro mal, según soplen los vientos.
Mas no somos hijos de este mundo ni de su ambiente, por eso es que experimentas que cuanto más tienes, sabes, puedes, haces, luchas, pues más melancolías, tristezas, depresiones y memorias amargas se te cruzan en el camino, como muro inquebrantable. ¡Es curioso! Pero a una alegría pasajera corresponde proporcionalmente un nivel igual pero tristeza espiritual. ¿Te has preguntado por qué será? Esto me hace entender y creer que no soy hijo de esta tierra, ni mi naturaleza es el polvo ni mi identidad terrena. No soy de este mundo ni de lo que hay en él. El 'aparecer' en el tener, saber, poder, etc., no son más que circunstancias de mi vida, pero no son mi vida ni es la vida; yo no puedo vivir por ellas ni para ellas. Mi identidad es el amar, el usar de todo en orden al amor, yo soy centro y cima de los bienes de la tierra, domino los bienes y no ellos a mí, que tanta tristeza conlleva a la mayoría de personas.
Si nos pasan estos momentos de auténtica muerte en vida es por una razón más que sencilla: ¿Dime qué amor buscas y te diré quién eres?. Según el amor que tengas en tu vida, gozarás de mayor o menor felicidad. Si buscas el amor a las cosas pasajeras o experiencias pasajeras, te encontrarás con la muerte interior, la muerte espiritual constantemente. Un instante de amor es capaz de cambiar algo en tu vida, pero no es capaz de darte identidad, sino que te hará sentir más necesitado, con más melancolía y exageradamente limitado.
¿Por qué estas situaciones? ¡Sencillo! Un instante de amor no basta para una vida humana, pues estamos creados para un amor constante, eterno. Todo ser humano lleva grabado en su corazón el deseo de un amor infinito, en su hondura, su fidelidad, su duración: un amor que llene nuestra vida de sentido, que le dé la libertad y la haga eterna, esto es que nos dé identidad.
De igual modo que nos resistimos a vivir de felicidad 'light', esto es de instantes, y que nos resistimos a mantener sencillamente en la memoria los buenos momentos, también nos resistimos naturalmente a la perspectiva de la ruina total y del adiós definitivo. Toda imaginación fracasa ante la muerte. ¿Dónde podemos encontrar este amor que es más fuerte que la muerte? ¿Quién ama con un amor así si no es nuestro Padre Dios? Ese Amor es quien me dio la vida, me la da y nunca dejará de dármela, porque hace de esta vida mía eternidad.
Nuestra vida se encuentra en la interioridad, en el diálogo con Dios Amor que es quien me sostiene, quien me eterniza ya mediante su Palabra y su Amor manifestados sensiblemente en los Sacramentos.
Escucha: "Con Amor eterno te he amado. He reservado gracia para ti? ¡Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy?... y si hijo también heredero... El don de Dios es
la Vida eterna... Yo no miro las apariencias, yo miro el corazón". Él no me valora por lo que tengo, por lo que sé, por lo que hago, ni siquiera por mi esfuerzo o luchas, Dios me valora por lo que soy: su hijo. Si fuera hijo del mundo mis valores serían lo que pudiera conseguir materialmente, lo que pudiera conocer intelectualmente, lo que pudiera aprender y hacer, lo que pudiera ponerme como meta. Pero no soy de este mundo. Mi valor se encuentra en el Amor de Dios que él me ofrece para que yo le corresponda con el mismo amor. Mi valor se encuentra en mi amor. Mi amor es mi peso, decía San Agustín.
Mi valor o mi identidad no la determina las cosas ni las circunstancias, ni siquiera el tipo de amor que recibo de los demás: que aman según lo que tengo, sé o hago. No soy imagen y semejanza de nada para dejarme definir por las cosas, personas o situaciones. Mi identidad la determina mi diálogo amoroso con mi Dios. Dios es Amor, y es del que soy imagen y semejanza, por lo que mi vida se basa y es amor, amor de Dios, amor eterno, pues soy de naturaleza divina, del linaje de Dios, reflejo de la misma gloria de Dios, creado para la incorruptibilidad.
Dios no me valora por mis cosas, mis conocimientos, mis capacidades o por éxitos o fracasos. El Amor de Dios por mí no está proporcionado por las apariencias, sino porque Dios se enamoró de mí, y quiere mi corazón de hijo, y quiere mi amor como el suyo como respuesta. Dios es como novio que busca enamorar a su novia, como esposo que busca a su esposa, mi identidad es relación de amor con Dios.
Una experiencia personal que marcó mi vida y me llevó a abrirme a Dios fue lo que le pasó a una muchacha que vivía cerca de mi pueblo. Todo el mundo, bueno..., los más jovencitos, íbamos detrás de ella, pues era realmente preciosa tanto física como espiritualmente hablando, con grandes esperanzas: iba a estudiar medicina y tenía gran espíritu de superación, era campeona juvenil en natación. Yo era uno de los que me relacionaba con ella, y en aquellos tiempos en que no era yo nada creyente y cerrado herméticamente a las cosas de Dios, decía que la niña solo tenía un defecto, creía en Dios. Llegó un día en que yendo a un entrenamiento tuvo un accidente de tráfico y quedó paralítica. A mí esta situación me cayó como una bomba, no era capaz de aceptarlo, si no creía en Dios, en esos momentos, menos todavía, y decía: "¿Ves lo que pasa a los creyentes? El ser cristiano no ofrece nada. No tiene ningún sentido la fe".
Todas las esperanzas de esa muchacha rotas para siempre, era lo que yo decía. Pero al cabo de mucho tiempo, se me ocurrió hacerle una visita, y la gran sorpresa fue que la vi muy animada, riéndose de sí misma. Yo me atreví a preguntarle: ¿Por qué estás así? ¿Acaso no te has dado cuenta todavía que ya no sirves para nada? Ella me miró y me dijo: "¡Mira, Pepe! La vida tiene otro sentido y otra esperanza que tú no conoces ni tienes. Me sé hija de Dios, y eso me basta. ¿Por qué no te das cuenta que no sirve de nada ganar el mundo entero si pierdes esta vida de hijo de Dios?"
Esta respuesta me hizo pensar mucho, y espero que a ustedes también les haga pensar. Lo primero que pensé fue en una cuestión psicológica, como autodefensa frente a esa situación límite, pero al pasar el tiempo no descubrí en ella ningún síntoma de depresión ni desesperación, sino todo lo contrario, cada vez más alegría y esperanza -no precisamente por las cosas de este mundo-. Reconocí que ahí debía haber algo más, hasta que decidí experimentar por mí mismo esa Vida de Dios que a ella le sostenía.
Como la señora aquella que les contaba al principio, así somos a veces nosotros: ahí, todos peripuestos, viendo cuál es el producto que me ofrece en este mundo en plan material: esperanzas para todo gusto. Esta señora que se encontraba en el mercado del mundo, se quedaba observando los diferentes tenderetes o kioscos, y elegía el producto que más le agradaba, pero de repente, entre todos los kioscos vio uno especial, donde se encontraba un señor un tanto conocido. Era ni más ni menos que Dios en persona. La señora fue corriendo hacia él y fue a hablarle. Le dijo: "Usted, ¿también vende algo?; Dios le dijo: "Se equivoca, señora yo no vendo nada. Solamente regalo"; y la señora, toda atrevida, le dijo: "Y, ¿le podría pedir cualquier cosa?; El Señor le dijo: "Pida y se le dará, busque y hallará, llame y se le abrirá"; la señora después de pensar un rato qué pedir, le dijo: "Pues déme todo tipo de riqueza de este mundo, bienestar, prosperidad, salud, amor, honores, que los demás me miren y se queden asombrados de mi talento y capacidades, que tenga todo tipo de placer en este mundo"; El Señor le dijo: "Se vuelve a equivocar, señora, la vida no está asegurada por los bienes. Yo no doy cosas, solamente le puedo dar la inmortalidad,
la Vida eterna, Yo solo me doy a mí mismo, mi propia vida, mi propio Amor"; la señora le dijo: "Pues si es así. Déme vida eterna"; el Señor le miró con amor y le contestó: "Ya la tiene. Se la di en el Bautismo. Ahora bien, la tiene en semilla, ahora le toca conocerla, hacerla crecer y llegar así a la madurez y la plenitud, ¿cómo? amando como yo".
Esta es
la Buena Noticia que quiero comunicarles, el cristianismo no es pedir limosna para la parroquia (aunque también se necesita) o estar en grupos por estar. Tenemos la semilla de la eternidad. Nuestra vida consiste exclusivamente en vivir
la Vida de Dios que es Amor. El secreto de la felicidad constante consiste en el amor eterno, en desarrollar nuestra identidad de hijo de Dios con todas sus consecuencias. Muchos hablan de la vida eterna como algo que vendrá después de la muerte física, e igualmente otros piensan que es el regalo hecho a los resignados, sacrificados y ritualistas en esta vida terrena... ¡No es verdad! La vida eterna propagada por el cristiano empieza aquí y ahora, es una vida que ya tenemos, aunque en semilla.
La vida eterna consiste en amar con el Amor de Dios, porque
la vida eterna es Dios mismo. Dios es Amor, por tanto la vida eterna consiste en amor y en amar. Es semilla que la poseemos, y llegará a la madurez y plenitud en
la Resurrección final. Pero empieza aquí y ahora. En la medida que hagamos germinar esta semilla que ya hay en nuestro corazón, que la hagamos crecer y desarrollar, tendremos vida abundante y el gozo mismo de Cristo.
Muchas veces, quizás, como la señora del mercado, vamos pidiendo a Dios cuestiones materiales, incluso pretendemos que nos venda cosas (queremos comprarle con novenas, veladoras, rezos, diezmos, incluso "obras de caridad", entre otras cosas). Pero el Dios de Jesucristo no es conforme a nuestra mentalidad, nuestro Dios se da a Sí mismo.
"Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo Único para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna."
"Si, pues ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!"
"...la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado".
Por tanto es el Hijo Único de Dios que se nos da, igualmente el Espíritu Santo y también como nos lo promete Jesús, el Padre.
La Vidaeterna es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, esto es el único Dios en sus tres personas en mí. La vida eterna es el amor de Dios en mí: el Amor de Cristo y
la Persona de Cristo habitando en mi corazón. Esta es la perla preciosa de la que nos habla el Evangelio ¿Cómo voy a cuidar y alimentar esta vida que es mi vida auténtica? Si no tengo este amor no soy nada. Aunque consiguiera todos los bienes de este mundo, aunque tuviera y me rindieran todos los honores, aunque disfrutara de todo tipo de placer o prosperidad, incluso aunque diera mis bienes a los pobres o entregara mi propio cuerpo a las llamas por los demás, aunque hablara en lenguas y conociera todos los secretos del mundo y de los ángeles, si no tengo el Amor de Dios, si no tengo una experiencia personal de encuentro con mi Cristo vivo, nada me aprovecha. Si no tengo amor, ¡nada soy! ¿Por que? Porque mi única y exclusiva identidad es Amor de Dios. Solamente Dios me creó, a él le pertenezco, soy suyo. Y porque soy de su propiedad me quiere dar su Vida, su Eternidad, pues me ama, y el amor cristiano me dice: "Tú no morirás".
En la encíclica Evangelio de la vida de Juan Pablo II se afirma expresamente cómo la vida del hombre es una, no dos. La vida terrena es la primera etapa de la eterna, no es que sean diferentes, sino que la vida en el tiempo es condición básica, momento inicial y parte integrante de todo el proceso unitario de la vida humana. Es en esta totalidad de la vida donde encuentran pleno significado todos los aspectos y momentos de la vida del hombre.
El Evangelio nos expresa esta verdad de fe cuando San Pablo dice refiriéndose a Dios: "en él vivimos, nos movemos y existimos...porque somos también de su linaje". Desde aquí, esto es, desde lo que expresa
la Escriturae interpreta el Magisterio de
la Iglesia, podemos decir que la vida que vivimos al presente la pasamos como si nos encontráramos en el seno de Dios, como un feto se encuentra en el seno de la madre -valga la comparación-, puesto que hemos sido reengendrados de un germen no corruptible, sino incorruptible, por medio de
la Palabra de Dios viva y permanente, es así que como niños recién nacidos, hemos de desear la leche espiritual pura, a fin de crecer en la eternidad.
Nuestra vida, entonces, se asemeja a un feto en gestación. La labor que tenemos en esta vida es la de dejar que Dios nos moldee, en dejar que Dios, su Espíritu, nos forme en nosotros la imagen perfecta, a Cristo, imagen visible del Dios invisible, a quien hemos de reproducir. Así como un feto recibe todo el alimento de la madre por el cordón umbilical, de igual manera nuestra vida es alimentada por Dios mediante un cordón umbilical: es por ahí donde pasa nuestra salud. Si el feto permanece unido a la madre por el cordón se desarrolla perfectamente. Ahora bien, si el feto se separa de la madre, muere, inevitablemente. ¿Cuál es el alimento que Dios nos ofrece? Sencillamente su Palabra y su Amor dado en los signos sensibles de sus Sacramentos. Crecemos en la eternidad si escuchamos
la Palabra, la entendemos, la comprendemos, nos convencemos de ella y nos transformamos en ella misma, en sacramentos del Amor de Dios, que no solo nos alimentamos de
la Palabra, sino que nos convertimos en anunciadores de ella.
Con los Sacramentos de
la Iglesianos alimentamos en todos los momentos de esta Vida, que es lo que simboliza el número 7, totalidad: en el Bautismo nacemos de Dios, en
la Eucaristía nos alimentamos de
la Palabra y del Cuerpo y Sangre de Cristo para transformarnos en lo que recibimos, en
la Confirmación se nos confirma en el discipulado de Jesús, en el Orden sacerdotal nos consagramos a
la Palabra hecha carne, en el Matrimonio nos convertimos en colaboradores de la obra creadora de Dios, en
la Reconciliación, se nos sana de lo que obstaculiza la vida, el pecado, en
la Unción se nos sana de nuevo para la eternidad.
Es la parábola o ejemplo-metafárico que el mismo Jesús explica:
"Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo limpia para que dé más fruto. Ustedes están ya limpios por
la Palabraque les he anunciado. Permanezcan en mí como yo en ustedes. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco ustedes si no permanecen en mí. Yo soy la vid; ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no pueden hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo conseguirán. La gloria de mi Padre está en que den mucho fruto, y sean mis discípulos. Como el Padre me amó, yo también les he amado a ustedes; permanezcan en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Les he dicho esto, para que mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea colmado."
Nada ni nadie me podrá apartar del amor de Dios, solo yo con mi desvío en el libre albedrío puedo perder mi libertad para amar, puedo romper así mi cordón umbilical: cuando no reconozco el amor de Dios ni hago caso a su Palabra. Es entonces cuando me deformo, me degenero y hasta todo puede acabar en un "aborto espiritual". Sin el amor de Dios no puedo hacer nada. La voluntad del Padre es que mi vida sea acabada, bien formada, esto es perfecta. Pero si no opto por el amor de Dios y por escuchar su Palabra -que es un don gratuito de Dios- puedo acabar "subnormal". A nadie le gustaría quedar eternamente subnormal, ¿Verdad? La cuestión es más seria de lo que parece pues se trata de mi vida, de tu vida, de la de muchos. Podemos degenerarnos o regenerarnos. Podemos ser suicidas o asesinos si no cuidamos esta Vida en uno mismo y en los demás.
Nuestro mundo por falta o ausencia de amor, también me lo imagino como un montón de gusanos asquerosos peludos, babosos, repugnantes, en el que cada uno busca cómo llegar a ser el primero, a estar en la cumbre. Un lugar donde amontonamos tesoros o productos que creemos que nos van a ofrecer algo, todos esos amores de instantes, todo lo que es caduco: preocupaciones por la comida, por el vestir bien, el dinero, la salud, el quedar bien delante de los demás, los placeres de todo tipo. A ello dedicamos la mayoría de nuestro tiempo y de nuestra interioridad, una espiritualidad puramente material, creyendo que ahí está "la vida". Pero no nos damos cuenta que todo esto termina, más aún, que no hay nada en la cumbre.
Todo esto es como una gusanada. Pero una vez, como cuenta una parábola, un gusanito del montón, decidió buscar la felicidad como todos, subiendo a la cumbre ¡Claro! No hay otra forma de hacerlo más que pisando y aplastando a los de abajo, así lo vemos en los mismos estudios universitarios o trabajo o en la casa: una lucha por conseguir la máxima nota para que el otro no me supere, y pase yo, no el otro, o el conseguir una oportunidad para viajar a los Estados Unidos y abandonar a mi gente diciendo que es para ganar plata y ayudar a los padres, pero una vez allí, los padres ni el recuerdo, dejándolos tirados.
Pues era una vez un gusanito, con muchas cualidades que decidió llegar a la cumbre para ver qué había allí, y lo hizo a fuerza de machacar a otros. Y en la medida que iba subiendo no se fijaba en los que atropellaba y aplastaba, sino que tenía la mirada fija en su meta, indiferente a los de abajo. Son muchos los que han llegado a la cumbre y, ¿Qué hay? ¡Nada!
Ese gusanito, al llegar a la cumbre, se dio cuenta que volaba una mariposa. La mariposa le dijo: "No amontonen tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen y ladrones que socavan y roban". Se refería a todo aquello que no es amor, a todo lo que es pasajero, pues eso no sacia a nadie, y no trae más que angustiosas preocupaciones, y muchas veces hacemos de estos tesoros nuestros ídolos, por los cuales vivimos y nos desvivimos, en pos de la vanidad, de la apariencia y de lo inútil, cisternas agrietadas que no retienen el auténtico amor. Pero, ¿No nos damos cuenta que todo eso termina? Queda muy corto el luchar por una corona incorruptible. ¿Quieres sumarte a la lista de: Maradona, que el fútbol le hizo famoso por su virtud, la polilla de la droga le hizo famoso por su vicio; Joselito o Paquirri, que de toreros de gran fama, una cornada, truncó su carrera; Lady Diana, destruida por la carcoma del placer, de estrella a estrellada? No amonten pues, tesoros de esta tierra, no vivamos para poseer en privado, para el saber o conocimientos, para los placeres. Vivamos por lo que nos da realmente la felicidad y pongamos todo lo demás al servicio de la auténtica vida: el amor de Dios.
La mariposa le siguió diciendo al gusanito: "Amontonen más bien, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, estará tu corazón". Y nuestro corazón solamente está hecho para el amor. La mariposa le dijo que la única riqueza real y duradera está en el amor perfecto, y todo lo demás está para ponerlo en orden a él. Todo es bueno, pero si lo tengo, lo sé, lo hago por amor y para el amor. Las cosas me las pueden robar, pero no el amor, el cuerpo lo pueden matar, pero no el amor. La mariposa le propuso: ¿Estás llamado a ser perfecto como yo soy perfecta, ¿lo crees? ¡Baja de la montaña! Sabemos que esta vida consiste en amor, pero amor perfecto. Por eso he de desarrollarme en este amor hasta ser santo como Dios es santo, hasta ser perfecto como el Padre es perfecto.
El gusanito decidió bajar de tal gusanada. Y en la medida que bajaba, mientras iba gritando que no hay nada en la cumbre, otros gusanos se burlaban de él y le decían: "No nos molestes, no interrumpas nuestro paso ¿No te das cuenta que he usado toda mi vida para llegar hasta aqu?? ¡Quita de en medio!". En la medida que el gusano iba bajando también se dio cuenta de tantos hermanos suyos sufriendo, siendo aplastados por los de arriba, y que los que estaban más abajo estaban agonizantes y muchos muertos. Y es verdad. Así está nuestro mundo, organizado para que los de arriba luchen y los de abajo pasen necesidad y mueran. Más de tres cuartas partes de nuestra humanidad sigue viviendo en condiciones miserables, mientras que cada vez son menos los que viven opíparamente ?Quién puede quedar insensible ante esta situación?
Sin amor divino no somos más que una gusanada llamada a la muerte constante, a la infelicidad. Pero el Amor de Dios no acaba nunca. Es muy difícil llegar a ser famoso, o llegar a tener una buena carrera y un trabajo ideal, pero por mucha ciencia, idiomas, sabiduría, sin el Amor de Dios no nos sirve de nada. Sin embargo, el amores lo más fácil de adquirir por cualquiera, no hacen falta grandes estudios o cualidades. Y, ¿Qué he de hacer para vivir mi identidad que es amor? Sencillamente bajar y escuchar la voz de aquel que me indica cómo vivir el amor.
La mariposa le dijo al gusanito: "Yo he sido como tú ¡Mira! ahora, vuelo, ahora soy libre de tantas preocupaciones que implican tristeza y muerte".
El gusanito medio-comprendió que tenía que bajar, que para ser el grande tenía que servir, y para ser el primero tenía que hacerse esclavo de todos. El gusanito quería liberarse de todo y optó por bajar, sufriendo las pisadas y burlas por parte de todos. El camino de la libertad supone esfuerzo y riesgo. Al llegar abajo y con la mirada fija en la mariposa libre, el gusanito le preguntaba: "¿Qué he de hacer para tener vida eterna?" Y la mariposa le respondía: "En verdad, en verdad te digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida la pierde; el que odia su vida en este mundo la guardará para una vida eterna".
Esta vida se consigue trabajando mi identidad, quitando en mí todo lo que hay de egoísmo, injusticia y violencia, para poder ayudar a otros. Los gobernantes o los primeros según este mundo dominan como señores absolutos y los grandes oprimen con su poder. En el amor se da el camino contrario, el más grande es el que se hace servidor de todos. Es labor de bajar y de morir como el grano de trigo a todo lo que provoca ausencia del Amor de Dios. En la medida que el gusano se iba trabajando se le iba formando a su alrededor como una extraña tela que le envolvía. La mariposa le animaba a trabajarse aunque el gusanito sentía morir. Pero la mariposa libre le dijo: "piensa cómo vas a ser: como yo, libre". El gusanito por fin, murió, cuando se rompió el capullo y salió una hermosa mariposa. Y así fue a comunicárselo a toda la montaña de gusanos.
Esta historia puede parecer ridícula e infantil, pero es la realidad. Y con parábolas se entienden mejor las cosas, ¿Verdad? De cada uno de nosotros depende nuestro destino temporal y eterno. Según tu amor, según lo que hayas amado será tu vida ahora y para la eternidad. A nadie le gusta tener una vida con deformaciones, sino perfecta. Y así nos quiere el Amor de Dios, perfectos. Pues sin amor, no somos nada. Y si solo tenemos la esperanza puesta en las cosas de este mundo, somos los más desdichados de todos los hombres y solo quedará en nosotros la infelicidad y la muerte. Pero si desarrollo el amor que me constituye, viviré ya, aquí y ahora, la felicidad eterna.
Quien descubre esta vida, quien reconoce el Amor, quien encuentra este tesoro y perla preciosa, lo cambia todo por ella. Esta es la razón de mi ser sacerdote, de haber entregado mi vida humana para vivir sólo del Amor, y buscar ser santo como el Padre es santo, para que esta vida mía sea normal, acabada, perfecta. Tengo razones para vivir y para dar mi vida hasta la muerte: entregarme por amor.
¡Qué diferencia hay entre personas que creen en la eternidad, en la espiritualidad, en la interioridad, en la vida, con las personas que no tienen fe! Personas con alguna enfermedad, aunque parapléjicas, que se quieren morir al no creer en la eternidad de su vida por el amor, o personas que creen, como la muchacha que les contaba en un principio. Personas que son capaces de perdonarlo que humanamente sería imposible, como Cristo en la cruz; o como una señora en Medellín, Colombia, que lo primero que dice a todo el que la visita es: "Vengan a ver mi tesoro". Y presenta a su hija parapléjica y sin habla, pero que le dedica todo el tiempo, día y noche, con una ternura y cariño materna impresionante, consciente que así alimenta la vida de Dios en ella y en su hija. U otros padres que conozco con la misma situación, que lo ven como una desgracia.
Por eso el ser misionero, anunciador de vida eterna, conlleva también el ir a cualquier parte del planeta aunque las enfermedades les destruyan el cuerpo, porque creen en la eternidad, y todo lo demás se convierte en añadidura, así lo entendieron y siguen entendiéndolo muchos mártires... los mártires en vida que no temen sufrir corporalmente o dar la vida de este cuerpo.
Y tú, ¿Vas a perder la razón de tu vida? ¡¡Es el amor!! ¿Vas a optar por vivir en la gusanada? ¿En qué vas a invertir tu vida? El mundo sufre por falta de vida. Tú puedes ser signo de esperanza: "¡Déjalo todo, niégate a ti mismo, toma tu cruz, y luego ven y sígueme!" Tendrás vida eterna. Quien pierda su vida por el Amor, la ganará.
El Padre nos da a ti y a mí el poder de compartir vida eterna; que era la promesa que hizo Jesús a la samaritana: "El que beba del agua que yo le dé, de su seno saltarán ríos de agua viva para la vida eterna". Todo otro tipo de agua o de amor no sacia la sed, sino que la aumenta. Tú y yo de alguna manera ya hemos bebido de esta agua viva a través de
la Palabra que hemos escuchado y que nos despertó la fe. Ahora tú puedes engendrar, despertar y suscitar la vida que late en tus hermanos, hablándoles de este Amor como hacia Jesús que hablaba de un Padre y dos hijos, del tesoro escondido en un campo, del banquete de bodas. Él mismo decía: "para anunciar este Reino he sido enviado".
Yo como sacerdote, no tengo otro oficio sino el de ayudar a que los demás se den cuenta de su identidad, de su ser más profundo, de alimentar la espiritualidad, de hacer fecunda la interioridad, cuidar la nueva Vida que hago nacer en ellos por el anuncio de
la Palabra y los Sacramentos. Es de este modo cómo se explica que tantas personas en la historia sean mártires, capaces de dar su propia vida de esta tierra, la corporal, la existencia en el tiempo, por amor, por salvar la vida de multitudes. Porque es precisamente perdiendo la vida para este mundo como se obtiene la eterna. Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos. Jesús mismo dice: "He venido a dar la vida en rescate por muchos". "No teman los que matan el cuerpo".
Únicamente les diría una cosa, lo que Ignacio de Loyola le dijo a Francisco Javier: "Francisco, mientras el río se despeña el huerto se seca". ¿Hacia dónde encauzas el potencial de vida que tienes? Hay miles y miles de personas que ignoran la riqueza que poseen y viven como pobres, secos y a ras de tierra. ¡Tú puedes hacer mucho por ellos!
La vida eterna consiste en dar a conocer a Dios como único Dios verdadero y a Jesús como modelo a imitar. Como Jesús, podemos compartir vida eterna, podemos hacer nacer, cuidar, desarrollar, nutrir hasta la madurez y la perfección las vidas de multitudes de hermanos nuestros. Sabemos que esta vida se engendra y desarrolla por medio de
la Palabra, por eso nos prepararemos y prepararemos a muchos para hacer nacer a muchos a
la Vidade Dios. Nos gastaremos y desgastaremos para que todos conozcan su identidad.
Es por esta razón que hemos de poner toda nuestra misión en ir creando escuelas de discípulos por todo el mundo, para que muchos se den cuenta de
la Buena Noticia del Evangelio: la vida eterna. Que todas las gentes se dediquen a tener la vida de Dios de tal manera que la compartan, y así saldrá de su interior ríos de agua viva: este manantial de amor lo tenemos en nuestro interior para hacerlo brotar, por eso no podemos dejar de prepararnos ni de hablar sobre esta Vida que es lo más propio y esencial del Evangelio.
En tus manos tienes este "producto" que es tu Vida y consiste en Amor. Como dice
la Escritura: "Mira, yo pongo ante ti
la vida y la felicidad, muerte y desgracia... ¡Elige la vida y vivirás tú y tu descendencia!
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