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DISCIPULADO
Vida de Gracia

PRESENTACIÓN
DE LOS DONES 

 
           En el rito romano la liturgia eucarística comienza con la preparación de los dones. En este momento desempeñan una parte importante los fieles laicos, que llevan el pan y el vino hasta el presbiterio, donde el sacerdote los recibe. Con ésta presentación de dones se entra en la parte estrictamente sacramental de la misa, donde cambia completamente el escenario, pero con profunda continuidad con la liturgia de la Palabra.

            El sacerdote con los ministros y todo el centro de interés se trasladan ahora de la sede de la liturgia de la palabra y del ambón a la mesa del altar.

            Los nuevos elementos que entran en juego exigen claramente una comunidad convival: se ve una mesa-altar, que es preparada -ahora y no antes- con pan, vino y los respectivos vasos sagrados y manteles.

             La liturgia dispone que el pan y el vino sean colocados directamente sobre el altar, mientras los otros dones no deben ser apoyados sobre la mesa eucarística, sino fuera de ella, en un lugar adecuado, porque se admite también la posibilidad de ofrecer otros dones cuya finalidad sea ayudar a los pobres o a otras iglesias. ¿Qué sentido tiene este momento? Expresar el fuerte vínculo que existe entre la Eucaristía y el precepto del amor. Pero la atención debe ser dirigida a la veneración de los dones que luego se convertirán en el cuerpo y sangre del Señor.

            Como vemos es una simple preparación y disposición en el altar de la materia del sacrificio. Pero en la historia se ha enriquecido con desarrollos interesantes:

     **Procesión solemne acompañada del canto correspondiente en la que los fieles mismos o algunos representantes suyos llevaban el pan y el vino al celebrante, uniéndose con frecuencia otras ofrendas para los pobres o para la Iglesia (la huella de esto es la limosna que tradicionalmente se recoge en este momento). Primero se presenta la limosna, después los dones para los pobres, y al final con su debida veneración el pan y el vino.

    **Atención dirigida hacia la materia del pan y del vino, que ha conducido a notables profundizaciones (desde San Ireneo que defendía la bondad de la materia frente a los gnósticos).

     **El sacerdote vierte dos gotas de agua en el vino, que representan nuestra oración y sacrificios que se van a convertir en un solo cuerpo y sangre con Cristo, en un solo y único sacrificio. La oración del sacerdote en este momento es: "El agua unida al vino sea signo de nuestra participación en la vida divina de quien ha querido compartir nuestra condición humana".

    **El sacerdote toma primero la patena con el pan, y con ambas manos la eleva un poco sobre el altar, mientras dice la fórmula correspondiente; y lo mismo hace con el vino. Estas oraciones siguen la tradición judía de la berakáh (Lc 10, 21; Jn 11, 41), muy semejantes a las que empleaba Jesús en sus plegarias de bendición.

    **El sacerdote ora en secreto diciendo: "Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro".

    **Seguidamente viene la incensación de los dones, del altar, del celebrante y de todo el pueblo.

    **Otros signos secundarios como lavarse las manos para expresar todavía la necesidad de purificación interior, dice: "Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado".

    **Los dones de los fieles, uniéndose a la de Cristo, se elevan aquí a Dios como incienso (Sal 140, 2; Ap 5, 8; 8, 3-4). El pueblo asistente, uniéndose a Cristo víctima, se dispone a ofrecerse a Dios en oblación y sacrificio de suave perfume" (Ef 5, 2): "Oren hermanos para que este sacrificio mío y de ustedes sea agradable a Dios Padre todopoderoso", o "En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso".

    **Finalmente viene la importante oración presidencial -la primera fue la colecta, la última será la de comunión-, es una oración sobre los dones, expresa la naturaleza mistérica de los que se está celebrando.

            Descubrimos una base cósmica y humana en la presentación de los dones que es positiva y queda como punto de partida que insinúa levemente un gesto de oferta a la espera de desarrollos muy diversos. No es por tanto un momento simplemente funcional, sino una parte integrante y altamente simbólica del Sacrificio.

            Hay momentos importantes para destacar y así comprender mejor la preparación y disposición de la mesa: el sacerdote representando a Cristo cabeza, se sienta, pues es momento de la acción del Pueblo de Dios como Cuerpo de Cristo y en sus carismas propios de templo del Espíritu Santo, un pueblo que ejerce la caridad a los pobres y que presenta a Dios su sacrificio: penas, alegrías, tristezas y angustias vividas, para que el Espíritu Santo nos transforme así a todos en un mismo cuerpo con un solo Espíritu. Es importante ser generosos en la limosna y en los sacrificios presentados a Dios.