FORMACIÓN PARA EL MATRIMONIO
PRIMERA PARTE
-PROYECTO ORIGINAL DEL MATRIMONIO-
-GÉNESIS-
La salvación de la persona y de la sociedad humana y
cristiana va estrechamente unida a una situación feliz de la comunidad conyugal
y familiar.
Porque es en el matrimonio donde se viven todas las
riquezas del amor, de la fidelidad, de la fecundidad y de la educación de los
hijos.
En el Antiguo Testamento los profetas ofrecieron una
aportación decisiva, presentando la alegoría nupcial como expresión de las
relaciones de amor y de fidelidad entre Dios y el pueblo de Israel. Lean Isaías
66, 9, Isaías 49, 15, Isaías 54, 6, Isaías 61, 10; 62, 5.
En el libro del Génesis se descubre cómo el hombre es
llamado a salir de su soledad: "No es
bueno que el hombre esté solo; le daré una ayuda apropiada" (Gen 2, 18) "Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el
hombre un sueño profundo, y mientras dormía le quitó una de sus costillas,
poniendo carne en su lugar. De la costilla tomada del hombre, el Señor Dios
formó a la mujer y se la presentó al hombre" (Gen 2, 21-22).
Está claro que el lenguaje, todo él cargado de
imágenes, no intenta narrar un suceso histórico, sino afirmar simplemente que
la mujer no es extraña al hombre, que es más bien una parte de él, con la misma
dignidad, capaz de dialogar y de amar. Por eso el hombre entona lo que se llama
el primer canto nupcial: "Ésta sí que es
hueso de mis huesos y carne de mi carne, ésta será llamada hembra -´issah-
porque ha sido tomada del hombre -´is-".
Lo que indica la unidad de los dos sexos, a pesar de su distinción.
Es así como se explica la atracción del hombre y de
la mujer y el sentido de esta atracción: "Por
eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y son los dos
una sola carne" Gen 2, 24.
Se exalta sobre todo el amor, que en la unión sexual
tiende casi simbólicamente a reconstruir la unidad primordial: "carne de mi carne". Esta expresión
indica una situación permanente de unidad de los espíritus, más allá de los
cuerpos.
En Gen 1, 26-28 se indica cómo el hombre -varón y
mujer- son imagen de Dios, no el varón y la mujer tomados por separado. Es el
carácter dialogal de los sexos distintos que abre ya al don, al amor, a la
fecundidad, reproduciendo de este modo la imagen de Dios que es esencialmente
amor que se da. También se destaca la orden de tener hijos: "Sean fecundos y multiplíquense…". Esto
significa que la sexualidad tiene indicado aquí su desenlace y su finalidad
específica: la transmisión de la vida; función ésta tan grande que, para
realizarla, tiene necesidad de la bendición de Dios. El matrimonio es marcado
por el equilibrio de estos dos elementos: el unitivo y el procreativo. Es lo
que debe marcar para siempre el matrimonio tal como Dios lo ha concebido en su
plan original.
Fue por el pecado que se rompió este equilibrio
original: con la poligamia, el divorcio, la explotación de la mujer, la
violencia sexual… entre otras cosas.
Preguntas:
-1ª. ¿Creen que viviendo el matrimonio
como Dios quiere serán felices y contagiarán felicidad alrededor?
-2ª. ¿Cómo se entiende desde el
proyecto original de Dios sobre el matrimonio la dimensión afectiva, unitiva y
procreativa?
-3ª. ¿Qué van a hacer concretamente
para llevar a cabo en su matrimonio el plan primigenio de Dios?
-pueden enviar sus respuestas a la dirección del Padre José March-
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