DISCÍPULOS Y MISIONEROS
Vida de gracia
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CATEQUESIS BAUTISMO IV
EDUCACIÓN EN LA FE 

            Para educar en la fe, hemos de conocer nuestra fe, porque los niños son bautizados en la fe de la Iglesia. Una fe que no es fruto de la voluntad humana ni de la busca de un ser supremo por la mera razón, sino que el mismo Dios nos ha revelado y ha confiado para su transmisión a la Iglesia-Apóstoles y sucesores legítimos de éstos, que son el Papa y los obispos-. Por eso hemos de prepararnos a la educación en la fe de la Iglesia:

**. El seguimiento de Jesucristo exige cumplir los mandamientos y consejos de Jesús: "No todo el que dice: Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre". Ello está contenido en el llamado "Decálogo" -que significa 'diez palabras'-, que resume y proclama la ley de Dios y en los Evangelios. Por eso, el Magisterio de la Iglesia enseña que es necesario el cumplimiento de los Diez Mandamientos para obtener la salvación, puesto que expresan los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prójimo y revelan en este contenido obligaciones graves; por ejemplo, la protección e inviolabilidad de la vida, el respeto a la mutua donación conyugal indisoluble y el deber de la procreación y educación de los hijos.

**. El Espíritu Santo guía la Iglesia a la verdad plena, la gobierna con diversos dones y la embellece con sus frutos; con la fuerza del Evangelio, la rejuvenece y conduce a la unidad consumada con Cristo, su Esposo. Y así toda la Iglesia aparece como un Pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. La condición de este Pueblo es la dignidad y libertad de los hijos de Dios; tiene por ley el nuevo mandato de amar como Cristo nos amó y como fin dilatar el reino de Dios; está destinado a todos los hombres y aunque, con frecuencia, parezca una pequeña grey, es un germen segurísimo de unidad, de esperanza y de salvación para todo el género humano.

**.  Los padres transmiten a sus hijos la fe en el Espíritu Santo desde los primeros momentos de su existencia cuando viven según el Espíritu. En el momento en que los hijos son capaces de entender, además de la coherencia de vida, se requiere una explicación adecuada. Momentos fundamentales de la misma son: la preparación a los Sacramentos de la Iniciación cristiana, especialmente el de la Confirmación; la reflexión meditada en la intimidad de la oración de la Palabra de Dios. La puesta en práctica de las exigencias del Evangelio, y la participación en la vida sacramental de la Iglesia. También es un momento especialmente eficaz ayudarles a traducir a la vida ordinaria las exigencias de su incorporación a Cristo y a que se interesen en trasmitir a sus amigos y coetáneos la alegría del mensaje de Jesús.

**. Los bautizados son consagrados por la regeneración y la unción del Espíritu Santo como casa espiritual y sacerdocio santo, para que, por medio de toda su vida, ofrezcan sacrificios espirituales y anuncien el poder del que los llamó a su luz admirable. Así pues, perseverando en la oración y alabando juntos a Dios, han de ofrecerse a sí mismos como hostia viva, santa y grata, y dar testimonio incesante de Cristo y razón de la esperanza que llevan en sus vidas. Los fieles ejercen su sacerdocio, sobre todo, por medio de una vida santa y en la recepción de los sacramentos.

**. A este respecto, la pronta recepción del sacramento del Bautismo indica, con los hechos, la importancia que tiene para los padres que los hijos, junto a la vida natural, sean engendrados a la vida de Dios. Algo semejante ocurre si, desde la más tierna edad, se les va disponiendo -con una catequesis adaptada, aprovechando las circunstancias- a que apetezcan la recepción del Cuerpo y de la Sangre de Cristo.

**.  De este modo se les facilitará también que, llegado el momento de la Primera Comunión, puedan disponerse a través de la catequesis familiar y parroquial con mayor aprovechamiento. Otro tanto se puede decir respecto al sacramento de la Penitencia: si ven a los padres acercarse a recibir el perdón de Cristo en dicho sacramento, nacerá en los hijos el deseo de recibirlo. Un período delicado es la preparación a la Confirmación, que puede afianzarles en su adhesión a Cristo y no ser el tránsito a un cierto abandono de la piedad. Por eso, requiere un seguimiento especial por parte de los padres. Otro tanto cabe decir sobre la orientación en la elección de vida, una vez llegada la juventud. Los padres respetando escrupulosamente  su personal decisión, deben guiarlos en la elección de estado bien se trate de la entrega en el Matrimonio bien en el camino de la virginidad.

**.  Por todo ello, la Eucaristía del Domingo ha de ser el centro de la piedad de los padres y de la familia como tal. Los hijos, viendo a los padres y participando con ellos en ella, le irán incorporando a sus vidas y la convertirán en el alimento principal de su piedad.

        *Seguimos con la reflexión del que dirige. Tomando el Catecismo de la Iglesia Católica.
Números 2221-2231.


**Los niños aprenden de sus padres la importancia de la Misa dominical. Desde luego, si los padres faltaran habitualmente a Misa no es que cumplan con su obligación de educar en la fe. Y si faltan de vez en cuando sin mediar motivo suficiente, dará a los preceptos de su fe la importancia que ve que le conceden sus padres, o sea, poca o nada. Acaban pensando que es una mera costumbre ante la que cualquier otra cosa es más importante.

**Igualmente se obligan a enseñar la práctica de la confesión natural y frecuente en toda la familia. Al menos una o dos veces al mes.

**Es muy positivo que ir a misa sea una costumbre con tradición familiar -a parte de obligación cristiana-. Puede añadirse después de la misa, un paseo en familia, la compra de un helado o cualquier cosa que guste a todos, o lo que sea. Se trata de darle un tono natural y un aire festivo.

**Si en la familia hay un clima de hogar, se verá claramente el ambiente que aleja las reacciones de orgullo y engreimiento, una dinámica que hace fácil pedirse perdón los unos a los otros.

**Del mismo modo se le puede ir enseñando que a Dios también se le ofende, y espera también que se le pida perdón. Irá comprendiendo el gran desafecto que existe cuando se comete pecado. Que aprenda el acto de atrición y de contrición de sus propios padres. Hay que enseñarle también que si comete algo muy grave, ha de confesarse cuanto antes para estar en gracia de Dios.

**Los padres han de acostumbrar al niño a examinar su conciencia, a pedir perdón por lo que hace mal. Esto le va a hacer un gran bien. Los pecados en las cosas pequeñas de los niños en uso de razón suelen ser: aceptar en una compra más cambio del debido o aquella mentira o al mostrarse egoísta con aquél que pidió ayuda, o aquel otro que te molestó sin querer y tú te molestaste y después están las cosas graves.

**Confesarse para mantener el alma limpia es una gran defensa contra el acoso de las pasiones que quizá se desaten en el futuro. No le privemos de esa ayuda, y menos para esos momentos.

**Hay que educarle en la existencia del pecado y del perdón, de un Dios remunerador, que premia a los buenos y castiga a los malos. Los niños lo entienden perfectamente. Lo que les inquietaría sería pensar que las injusticias se mantienen a perpetuidad, por falta de un ser superior que gobernara el mundo, o que después de la muerte no hay nada.

ORACIÓN:

            Padre de bondad y Dios de todo consuelo, que tanto amaste al mundo que le diste a tu Hijo Unigénito: haz que las familias cristianas sepan presentárselo a sus hijos como el camino que nos lleva hasta ti. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.