DISCÍPULOS Y MISIONEROS
Vida de gracia
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CATEQUESIS BAUTISMO III
EDUCACIÓN EN LA FE 

            Vienen a la Iglesia a pedir el Bautismo para su hijo ¿Qué les da el Bautismo? La fe ¿Qué les da la fe? La vida eterna.

             También la Iglesia les pide a ustedes como padres y padrinos un compromiso: se trata de la obligación a educar en la fe a sus hijos, para que esa semilla que recibirán, esa capacidad concedida por el Padre para acercarse a Jesús, sea impulsada y desarrollada por ustedes para que sus hijos y apadrinados puedan amar al Señor y cumplan sus mandamientos.

        Son los padres los primeros que tienen la obligación o deber de llevar a cabo esta educación. Los padrinos se comprometen a ayudar a los padres en esta tarea.

         ¿Cómo educar en la fe? (3)

             Para educar en la fe, hemos de conocer nuestra fe, porque los niños son bautizados en la fe de la Iglesia. Una fe que no es fruto de la voluntad humana ni de la busca de un ser supremo por la mera razón, sino que el mismo Dios nos ha revelado y ha confiado para su transmisión a la Iglesia -Apóstoles y sucesores legítimos de éstos, que son el Papa y los obispos-. Por eso hemos de prepararnos a la educación en la fe de la Iglesia:

**. Jesucristo es el Hijo eterno de Dios. Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, todo fue creado por él y para él. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que sea él el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la plenitud y reconciliar por él y para él todas las cosas, pacificando mediante la sangre de la cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos. (cf. Col 1, 15-20)

**. Hecho hombre, por obra del Espíritu Santo en el seno de María, nos manifestó al Padre en su Persona y en su predicación. Nos dio el mandamiento nuevo de que nos amáramos los unos a los otros como él amó; nos enseñó el camino de las bienaventuranzas: ser pobres en espíritu y mansos, tolerar los dolores con paciencia, tener sed de justicia, ser misericordiosos, limpios de corazón, pacíficos, padecer persecución por la justicia. Padeció bajo Poncio Pilato. Murió por nosotros como Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Fue sepultado y resucitó por su propio poder, y por su resurrección nos llevó a la participación en la vida divina. Subió al Cielo, de donde ha de venir de nuevo con gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos, a cada uno según sus propios méritos. Y su reino no tendrá fin.

**. Por tanto, Jesucristo es el Centro del mundo, de la historia, y de la vida de todos los hombres; y su único Salvador. Sólo en él está nuestra salvación sin compartirla con otros mediadores o fundadores de religiones. La Persona de Jesucristo, Hijo de Dios y verdadero hombre entre los hombres es, por ello, el centro y la síntesis de la fe cristiana. En él encontramos el programa de la Iglesia y de la familia cristiana, "iglesia doméstica". En consecuencia no hay que inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el evangelio y la tradición viva; se centra en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar para vivir en él la vida trinitaria y transformar en él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celestial. Es un programa que no cambia al modificarse los tiempos y las culturas, aunque los tiene en cuenta para un verdadero diálogo y comunicación eficaz.

**. El conocimiento de Jesucristo nace y crece, sobre todo, mediante el encuentro con su Palabra en la escucha y lectura del Evangelio, la participación en la vida, sobre todo en la Eucaristía , el trato en la oración personal y comunitaria, y el servicio y preocupación por los pobres y necesitados. Este conocimiento lleva al amor a su Persona y a practicar el mandamiento del amor al prójimo, que él nos dio como distintivo y que es el comienzo de toda imitación de su vida.

**. Por tanto, la lectura de la Palabra de Dios y el Evangelio en familia, la participación, como familia, en la eucaristía dominical, la oración en común y las obras de caridad tienen un lugar preponderante en el hogar cristiano. Estas manifestaciones son parte esencial de la catequesis familiar.

Seguimos con la reflexión del que dirige. Tomando el Catecismo de la Iglesia Católica como base: de los números 2221-2231.

            No se trata de ser 'pesados'. No es necesario hablar constantemente a los hijos de catequesis sobre Dios, pero sí hablar de Dios o manifestar a Dios, sabiendo que Dios es Amor, y la Familia o habla de amor o ama, no hay otra dedicación. Si hay fe, los hijos irán creciendo en ese ambiente y comprenderán bien las realidades sobrenaturales. Y eso es lo importante: que el hogar esté vivo -lleno de amor- y que los padres hablen de Dios con su propio testimonio de vida: se habla de Dios cuando se ama.

             Los problemas domésticos no se resuelven con frases típicas de 'Dios te va a castigar' 'Te irás al infierno' 'Eso que has hecho es un pecado gravísimo? ¡Sé bueno. Estate quieto!... porque Dios no castiga las trastadas infantiles con el infierno, ni todo lo que hacen los niños que no nos agrada es pecado, ni el infierno es para que los niños crean que es cosa de brujas o fantasmas, es más serio.

            No podemos usar a Dios para nuestros mezquinos intereses. No se puede invocar el nombre de Dios para que el niño coma o para que me haga mandados, es usar el nombre de Dios en vano.  
          
            La realidad de Dios se manifiesta por el amor cristiano, y conviene en gran manera hacérselo descubrir a los hijos y quererlo de corazón. Dios no es el 'garrote' o 'cincho' de los adultos para pegar ante cualquier cosa o circunstancia de los niños, de hecho, muchos niños tienen una conciencia deformada debido a la presentacióon de Dios como 'prohibiciones'.

             Tengan en cuenta que la mente del niño es como un cuello de botella. Si se intenta meter gran cantidad de líquido en poco tiempo, se desborda y se derrama, y es poco lo que queda aprovechado. En cambio, gota a gota, despacio, pero con constancia, pronto aprovechará y se llenará de sabiduría.

¡¡IDEAS PARA EDUCAR EN LA FE!!

**Acostumbrar a rezar al ángel de la guarda de rodillas junto a la cama, antes de acostarse, con un Padrenuestro y un Avemaría.

**Ofrecerse a Dios cuando se levanta por las mañanas, en lugar de despertar con gritos o con violencia.

**Bendecir la mesa con una oración.

**Ir juntos -y elegantes- a la misa dominical, rezando juntos al final de la misa con una oración de acción de gracias frente al Sagrario.

**Seguir tradiciones de religiosidad popular positivas y con sentido, como rezar el rosario en familia o un solo misterio, retomar devociones a la Virgen del mes de Mayo o de Octubre, tener la imagen del Sagrado corazón en la entrada de la casa, seguir la costumbre del escapulario del Carmen, entre otras cosas.

             Sin consultar con los hijos, por ejemplo, les enseñamos a ir al colegio, quieran o no ¿Por qué? Porque es algo bueno. Pues con la fe sucede lo mismo. ¿Por qué hay miedo de enseñar la fe? ¿Por qué tan de moda se encuentra el decir: que él decida el día de mañana? Es cuestión de vida o muerte. Si físicamente, enseñamos al niño a caminar, o a ir al colegio, o a comer bien para la vida, ¿no es más importante el respirar de la vida espiritual?

            El niño aprenderá de sus propios padres sus creencias, sus oraciones, sus devociones y las normas morales. Recuerden que en el Bautismo nos obligamos a educar en la fe católica.

             El niño al crecer debe aprender a administrar de su libertad sin dejarse esclavizar por la propia debilidad. En la adolescencia, a partir de los doce años aproximadamente, por ejemplo, la debilidad será su pereza o el egoísmo que florecerá. Se tratará entonces, de hacerle pensar que la fe es una gran cosa y descubra desde pequeño el atractivo de ser cristiano, y que vale la pena luchar contra la pereza y el egoísmo, vale la pena no dejarse mover por los sentimientos del momento sino por fe.

             Aprender a elegir el bien y rechazar el mal es muy importante. Los padres han de poner todos los medios para que el hijo tenga facilidades para elegir el bien, sin ser ingenuos creyendo que por sí solo elegirá siempre el bien, a elegir el bien se aprende, por tanto, se debe enseñar.

             Entendemos que la fe tiene su soporte en una formación moral, esto es no es que la fe dependa de la moral, pero sí que es sostenida por la voluntad y la Gracia divina. Si falla la moral se pierde la Gracia, la voluntad se desorienta y la fe se resiente. Por eso es muy necesario no solo enseñar fe, sino también disposiciones morales, se han de consolidar las virtudes personales que lleven a luchar contra la pereza, el egoísmo y la inconstancia, de manifestaciones de envidia o soberbia o de una consentida y hasta habitual falta de compromiso y responsabilidad.

              ¿Se puede amar a Jesús sin conocer su vida y doctrina?
              ¿Cómo pueden los padres hacer cercanas a sus hijos la enseñanza y vida de Jesús?
             ¿Cómo hacer descubrir a los hijos que Cristo vive entre nosotros, aunque ya esté gozando de Dios en la Gloria del Padre?

ORACIÓN.

         Padre de Bondad y Dios de todo consuelo, que tanto amaste al mundo que le diste a tu Hijo Unigénito: haz que las familias cristianas sepan presentárselo a sus hijos como único Camino que nos lleva hasta Ti. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.