DISCÍPULOS Y MISIONEROS
Vida de gracia
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CATEQUESIS BAUTISMO II
EDUCACIÓN EN LA FE 

            Vienen a la Iglesia a pedir el Bautismo para su hijo. ¿Qué les da el Bautismo? La fe. ¿Qué les da la fe? La vida eterna.

        También la Iglesia les pide a ustedes como padres y padrinos un compromiso: se trata de la obligación a educar en la fe a sus hijos, para que esa semilla que recibirán, esa capacidad concedida por el Padre para acercarse a Jesús, sea impulsada y desarrollada por ustedes para que sus hijos y apadrinados puedan amar al Señor y cumplan sus mandamientos.

        Son los padres los primeros que tienen la obligación o deber de llevar a cabo esta educación. Los padrinos se comprometen a ayudar a los padres en esta tarea.

        ¿Cómo educar en la fe? (2)

            Para educar en la fe, hemos de conocer nuestra fe, porque los niños son bautizados en la fe de la Iglesia. Una fe que no es fruto de la voluntad humana ni de la busca de un ser supremo por la mera razón, sino que el mismo Dios nos ha revelado y ha confiado para su transmisión a la Iglesia-Apóstoles y sucesores legítimos de éstos, que son el Papa y los obispos-. Por eso hemos de prepararnos a la educación en la fe de la Iglesia: El misterio de Dios Uno y Trino se encuentra en el mismo centro de la familia cristiana. Los padres van transmitiendo a los hijos esta verdad central de la fe, a medida que los incorporan a la vida de familia. 

            Dios es el que es. Dios es Amor. Estos dos nombres están tan inefablemente unidos que manifiestan la misma esencia divina, que está sobre toda inteligencia creada. Por eso, solo Dios puede otorgarnos un conocimiento recto y pleno de Sí mismo, revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta vida divina la participamos ya, por la fe de modo incoado en la tierra, y después, de modo pleno y por la visión de Dios, en la vida eterna. Gracias a la revelación, podemos profesar que Dios Padre en toda la eternidad engendra al Hijo, que el Hijo es engendrado y el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo como Amor sempiterno de ambos. Las Tres Personas divinas, por tanto, son eternas e iguales entre sí; así mismo la vida y felicidad de Dios es participada totalmente por cada una de ellas y, en consecuencia, siempre es necesario venerar la unidad en la Trinidad y la Trinidad en la unidad.

            Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, nos ha revelado este Misterio, en el que se nos manifiesta el Plan de Dios, es decir: que todos nosotros participamos -como hijos- en la comunión de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

            El mismo Jesucristo sugiere una cierta semejanza entre las Personas divinas y la unión de los hijos de Dios en la verdad y en la caridad, cuando ruega al Padre que "todos sean uno como nosotros también somos uno" (Jn 17, 21-22). Esta semejanza muestra que el hombre no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega de sí mismo a los demás. Esta semejanza con Dios, por la autoentrega, la unidad y el amor, es la perfección de la familia.

            El matrimonio, que implica una entrega total de los esposos entre sí y de los padres para con los hijos, es, por ello, un perfecto reflejo de la comunión Trinitaria. Por eso, la dinámica de la vida en familia es manifestar esta unión íntima entre las Personas divinas.

            Toda invocación, pues, a la Santísima Trinidad en familia, ha de llevar a todos sus miembros a renovar los lazos de comunión entre ellos y a una más generosa comunicación de sus dones a otras familias.

             La educación en la fe por los padres debe comenzar desde la más tierna infancia. Esta inicia esencialmente mediante el testimonio de vida cristiana de acuerdo con el Evangelio:

Testimonio de oración:

       
Se puede rezar antes de comenzar las actividades de la jornada, antes de la comida, bendiciéndola por parte del padre de la familia, antes de irse acostar, entre otros momentos. Pues es deber de los padres enseñar a orar a sus hijos. A parte de los "rezos" conocidos, se debería ir leyendo un pasaje bíblico en algún momento de la jornada y comentarlo, y especialmente los domingos en la participación de la Eucaristía.

Testimonio
propio de "familia".

       
Durante la infancia se muestra este testimonio con gran respeto y afecto, cariño y ternura, por parte de papá y mamá, cuidando y proveyendo las necesidades físico-materiales y espirituales. En el transcurso del crecimiento, el mismo respeto y la misma dedicación -en cariño y amor- lleva a los padres a enseñar a sus hijos a usar rectamente la razón y su libre albedrío, mediante la educación en las virtudes cardinales (prudencia, humildad, templanza y honradez) y teologales (fe, esperanza y caridad).

Testimonio de discípulos y misioneros de Cristo.

       
Los padres tienen la misión de enseñar a orar y a descubrir a los hijos su vocación de hijos de Dios. Además de enseñar las virtudes deben enseñar a vivir de fe, esperanza y caridad.

Ejemplos de cómo dar ejemplo

           Los niños tienen necesidad de aprender y de ver que sus papás se aman, respetan a Dios y saben explicar las primeras verdades de fe, que saben exponer el contenido de la fe cristiana en la perseverancia de una vida de todos los días construida según el Evangelio. Decía Juan Pablo II: "para el niño apenas hay distinción entre la madre que reza y la oración; más aún, la oración tiene valor especial porque reza la madre".

           Se empieza con la actitud al rezar: nuestro modo de hacer la señal de la cruz, el respeto y recogimiento al acercarnos a comulgar, en otras cosas.

            Educar en la fe no es solo dar sabias lecciones teóricas, sino una clase práctica que empieza cuando tu hijo aún no sabe casi andar y que no termina nunca.

        **Si tu hijo viera que los papás suelen ir "a lo suyo" -a lo egoísta-, le será difícil incorporar ideas de la relación entre fe y vida. No sabrá entender la fe como la preocupación por los demás, el sacrificio y la renuncia a favor de los otros, la misericordia y el sentido de la generosidad.

        **Si los papás no cumplen lo que prometen, y los hijos les ven recurrir a la mentira o "medias-verdades" para salir del paso de ciertos problemas, no entenderán luego los largos discursos sobre sinceridad o veracidad o de dar la cara.

        **Los hijos tienen derecho a ver que los papás se preocupan realmente del dolor y sufrimiento ajeno, que muestran con su vida lo connatural que debe resultar vivir para los demás, le explicas así la fealdad de la simulación y de la mentira.

        **Hay todo un estilo cristiano de ver las cosas y de interpretar los acontecimientos de la vida. Por ejemplo, viendo el modo que los papás aceptan contrariedades, o cómo reaccionan los papás ante un vecino cargante o inoportuno, o viendo como papá cede en sus preferencias, o mamá sigue trabajando aunque está cansada.

        **Es así como aprenden a respetar la verdad, a mantener la palabra dada, a no encerrarse en su egoísmo, a ser sensible ante la injusticia o sufrimiento de los demás, a templar su carácter.

        **En la casa se hablará con Dios y se hablará de Dios y del deseo de agradarle y de evitar las ocasiones de ofenderle, del premio que recibiremos en esta vida y en la eterna si hacemos lo que le agrada. Y todo ello con toda naturalidad, sin afectación ni simplezas.

        Es a esto a lo que nos compromete el Bautismo.